Fotografías por: Viktor Plissken y Paulina Lazcano
Redacción por Paulina Lazcano
En la biografía de Instagram de Anti-Fronteras Fest, éste se reconoce a sí mismo con el aforismo contracultural ‘’Do it yourself’’, y su extensión ‘’Do it with friends’’. Me gusta porque puede ser aplicable a muchas cosas: ¿Tocar música y componer canciones? Do it yourself, do it with friends, ¿Salir a un show, lejos de casa, en otra ciudad? Do it yourself, do it with friends, ¿Organizar un festival de música punk de tres días, sin sponsors corporativos, llevando a cabo el booking de bandas locales, nacionales e internacionales y donar lo recaudado a un albergue migrante LGBT? Do it yourself AND do it with friends.
Detrás de las escenas un gran flujo de cables se abren paso desde la pared de amplificadores que se ha montado en el escenario. Los cables andan en caminos ondulantes por el piso hasta conectarse en una gran consola y un par de computadoras operadas por el staff del festival: Por un lado nos topamos a Fernando Ruiz, guitarrista y voz de Abyssal, quien funge en este proyecto como stage manager y que tocó el sábado 11 con su proyecto de funeral doom. Luego en el sonido vemos a Fernando Mora, guitarrista de Jaspe, y a Patrick Alexander, baterista de Cánidos y Habak, bandas que también se presentaron en distintas noches del evento. En las proyecciones digitales visuales entró en momentos el apoyo de Manolo, pintor que vino de CDMX acompañando a los chavos de Terror Cósmico.
El festival es el brainchild de Juan Cintora, integrante también de Habak, y de Patrick, y tengo entendido que son apoyados a distancia por Román Tamayo miembro de la banda de doom Vinnum Sabbathi y gestor cultural de CDMX. Aunque han subrayado que el festival fue hecho con una causa, es fácil ver que esta red de amigos y artistas, que se extiende aún más allá de las personas ya mencionadas, han colaborado para encarar este nuevo reto: El hacer un festival de música uniendo bandas locales y bookeando actos musicales internacionales y de formidable legado.



Viernes, 10 de Octubre – La primer noche se caracterizó por sentirse febril, con una energía desbordante, hirviente, efervescente. Había una ansiedad en el aire que a veces se siente en estos shows semi-locales, como si hubiera algo muy grande en juego.
ACxDC (Powerviolence, Los Angeles) abrió el moshpit, y les siguieron Cánidos (Punk Dbeat, Tijuana). Terror Cósmico (Doom Metal, CDMX), un dúo de guitarra y batería marcó un descanso del acelere con un set de canciones instrumentales de corte más fantástico, con un fuzz terroso y riffs serpenteantes. Terror me pareció interesante porque bien podría ser un proyecto que otros músicos rápidamente buscarían rellenar con bajo y otra guitarra, pero siento que hay mucha libertad y creatividad en su condición minimalista, un caso en el que menos es más. Back to back se presentaron Agonista (D-beat de San Diego/Tijuana) y Violencia (Fastcore/powerviolence de Tijuana). Los primeros traen un d-beat imponente, con una avasallante batería y por otro lado Violencia, agita el moshpit con blastbeats y el dinamismo de sus riffs. Posteriormente, Destroy Judas (Post-metal, Long Beach) entregó un hipnótico set, que sirvió como una calma antes de la tormenta porque al terminar ellos, les siguió, para cerrar la noche, Dropdead (Hardcore/Grindcore, Rhode Island), que cuando entraron a la escena elevaron la agresividad de la música y la dejaron caer sobre los asistentes como el trueno del juicio final.
‘‘Fuck ICE! Fuck MAGA! Fuck Trump!’’ fue el mantra espiritual de ese viernes. La música enlistada no da cuartel al escapismo. Hablemos de la violencia contra los migrantes, hablemos de la transfobia, de la xenofobia, hablemos de la crueldad animal. Se trata de entretenimiento que no borra y que no invisibiliza, como ocurre con mucha frecuencia en el mainstream.
















Sábado, 11 de Octubre – El sábado escuchamos música más contemplativa, más para saborear por decir así. Las notas se suspendieron en el aire, reverberando por más tiempo. Oímos varios proyectos que combinan elementos atmosféricos con diferentes subgéneros de metal, por un lado estuvo Jaspe (doom/post-metal, Tijuana), su música es reminiscente a las piezas instrumentales de Russian Circles e Isis, creando paisajes de sonido muy claros, muy definidos. Por otro lado, Abyssal (funeral doom, Tijuana), con una grave marcha fúnebre, satura las bocinas de distorsión, brinda intensidad a cada nota y a cada golpe de la batería, esparciendo contados golpes a lo largo de una sola canción de media hora, de composición muy minuciosa y cuidadosa. En orden de presentación, les siguió Satón (post hardcore/ melodic hardcore, CDMX), una de las bandas que tocó por primera vez en Tijuana, su música es una gran suma de piezas y frases musicales distintas, se aleja del compromiso hacia un sólo género y rechaza la uniformidad en su sonido. Siento que su fórmula no falló en arrestar la atención de las personas.
Se rompió momentáneamente el hechizo que se había ido formando en el venue cuando se presentaron, desde Nuevo León, los Hellmaistroz (crust and roll). Los Maistros cortaron la atmósfera con clásicos tupa-tupas e (increíble!) hicieron engagement con la audiencia, marcando su propia línea en la noche. Como un sleeper agent activado, después de mucha sofisticación auditiva, regresa el espíritu del bar de mala muerte, los fantasmas de los Tonayanes pasados, los samples de B movies, la chela regada en el piso como accidente del moshpit. Un pequeño diablo folclórico y bartsimpsonesco canta: ‘‘Saca el caguamoooon, hey! hey! hey! hey!’’.

Este diablillo hace fuerte contraste con el que le sigue: el espíritu eldritch del bosque norteamericano en Mizmor (Doom metal/Black metal, Portland), el acto final del Anti-Fronteras Fest.
Hay un punto existencial en esta parte de la noche porque muy repentinamente ya era el final del festival, ‘‘¿Tan pronto ya sigue Mizmor?’’ Volteé alrededor y miré que para el headliner la pista estaba un cacho más vacía, ‘‘¿Por qué no hay más gente?’’. Algo similar sentí en el Fuzz Fest el año anterior al notar (y es algo ya todos sabemos y se ha dicho) que los asistentes eran en su mayoría los músicos que tocaron y otros músicos. Ambas propuestas de eventos, Anti-Fronteras y Fuzz Fest han traído a la ciudad a mi parecer buenas bandas, en este evento en particular vimos a Mizmor, Dropdead, ACxDC, Terror Cósmico, Hellmaistroz, Destroy Judas, Satón, por mencionar a quienes vienen de fuera. Violencia, Abyssal, Agonista y Habak, tengo entendido que tienen su following, pero son locales (muy buenos talentos locales) y probablemente eso puede afectar la propuesta por que son bandas que cada cierto tiempo se van a presentar aquí de cualquier manera.
Otra cosa es que a veces los círculos de artes pueden ser, sin querer, herméticos. Recuerdo hace muchos años, cuando comenzaba a ir a las tocadas locales de Ensenada, que un amigo me comentó que francamente si uno no es músico, uno no se entera de la agenda. Tomo ese comentario con un grano de sal, porque mi experiencia es que quien busca encuentra, pero también, tengo años asistiendo a los shows por ser parte del ecosistema, aunque no como músico pero como fotógrafa.
Y a lo que quiero llegar con todo este rambling es que a veces hay propuestas tan buenas y digo ‘‘Damn ¿Por qué no hay más gente aquí? ¿Qué pasó con toda la raza que ha ido y venido a estos gigs locales a lo largo de los años?’’. Uno cruza la frontera y en breve se percibe un pulso más vibrante en la escena alternativa. A veces siento que en México somos muy pocos o que hay muy poca apertura a salirse de lo normativo (y creo que en USA, a pesar de su actual clima político, si hay más apertura o la hubo). Pero bueno, es gracias a la autogestión, al do it yourself, do it with friends, que florece este ecosistema, como florecilla en la grieta de una banqueta.


Para finalizar con la segunda noche solo añadiré que qué bueno que hay registro videograbado en el canal de Anti-Fronteras del set de Mizmor, porque en el momento se sintió efímero, no quería que terminara, pero fue altamente disfrutable. El artista une lo sombrío, el frío desolado y los gritos desesperados del black metal con oscuras lullabys en una unión algo gótica y folk.
Para este momento, detrás de bambalinas el staff ya tiene un rato celebrando, y es una celebración bien merecida porque atravesaron una montaña que seguramente les costó meses de trabajo, esfuerzo, un acto de balance. En total tres noches de punk (contando el pre-fest), metal, compas, brutalidad, chela, merch, un apoyo de 11 mil pesos recaudados para el albergue migrante La Casa Arcoíris, y un sentimiento agradable de catarsis, esa vibra chida de cuando uno es transformado, aunque sea por un tiempo breve, por un coto legendario local.








