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Relatos y Siluetas: crónica de una ofrenda con Shamán Bombay

Redacción por Iván Gutiérrez & Jhoselinn Figueroa
Fotos por Paulina LazcanoEs la noche del 22 de noviembre del 2018. Las estrellas centellean en la recta final del día del músico a la par que intensas luces iluminan la explanada del Centro Estatal de las Artes (Ceart), en este momento vacío; lo único que se escucha son mis pasos acelerados mientras corro al Foro Experimental. Al llegar a la entrada, del edificio sale un chavo de cabello largo y dice “¡Corre, todavía alcanzas!”. Subo agitada las pequeñas escaleras y empiezo a sentir una penumbra rockera. Sigo mi camino y todo se vuelve oscuro en el pasillo. El show revienta. Shamán Bombay está en escena.

Dos mujeres lloran frente a una ofrenda que se encuentra en el escenario. Costillas, cráneo, manos y pies como piezas están junto a un par de girasoles amarillos y alcatraces blancos. “Me muero todos los días sin darme cuenta…”, canta una de las voces angustiadas mientras dos velas encendidas y acomodadas en unas pachitas de tequila le suman calidez a la ofrenda.
Al fondo se proyecta un lienzo blanco. “¿Qué van a pintar?”, se preguntan algunos espectadores. Mariana, mejor conocida como la Federación Intergaláctica de las Hadas (o “La Fede”), empuña un pincel en su mano diestra vestida con guante negro, y lo que antes era totalmente blanco empieza a teñirse de rojo.

En la escena la joven Melissa sigue declamando con su potente voz. Vestida de negro observa estática la entrada del baterista que inicia un terremoto que distorsiona el aire. Acto seguido salen al escenario los demás integrantes de Shaman Bombay. Se oye al fondo unos chiflidos que denotan emoción de parte de los seguidores de esta banda nacida en el puerto de Ensenada, conformada por Alfredo Fragoso como vocal y teclado, Salvador Aldrete en el bajo, Benjamín Yañez en la guitarra y Oscar Romo a cargo de la batería. Esta noche, los cuatro músicos presentan su primer álbum de larga duración, Siluetas.
Suena “Trémula” reventando un foro experimental repleto y conquistado por una nueva generación de músicos ensenadenses. Los sonidos progresivos y psicodélicos comienzan a galopar por la estancia. “Yo no sé, ni me interesa, mientras no sea yo el que desaparezca”, canta Alfredo Fragoso (alias “El Fofo”), en referencia a la indiferencia que persiste entre la mayoría de la población apática de México. Una embestida al alma es lo que representa la tormenta desatada esta noche. Las letras del material musical de Shaman Bombay son una crítica abierta a la violencia que se vive todos los días en las calles del país. Culmina Trémula y un jam en vivo da inicio. Chava con su bajo y Benja con su guitarra combinan escalas que transitan por senderos psicodélicos, mientras detrás se exhibe el lienzo de emociones pintado por “La Fede”.


Por unos momentos Alfredo es la voz de los 30, 000 desaparecidos: “en cada vela una plegaria, cada ofrenda un penar”. Es entonces cuando el público entiende que la ofrenda en escena va más allá de simple utilería: en las velas la plegaria, la luz que trata de mantenerse en medio de la desesperación que muchas familias viven ante el desconocimiento del paradero de un ser querido.
El llanto y el sudor se expresan con furia a través de la piel y las ondas sonoras: “¡Y hoy te juro en este infierno… que estoy buscándote!”, canta la madre, el padre, el hermano, los hijos del desaparecido o desaparecida. La energía entre los músicos es impresionante, miradas profundas se cruzan entre músicos y espectadores, no están creando cuentos de ficción, son relatos que se escuchan a diario en las noticias y que quizás más de uno ha vivido de cerca porque, queramos o no, es la realidad de un México hundido en la muerte y la violencia. Un país convertido en fosa clandestina.

Se siente en el ambiente, es algo intenso, fluido, no puedes dejar de mover los dedos, la cabeza o pies. La música mueve también el pensamiento. Blanco, amarillo, rojo, azul y anaranjado transforman la música en relatos, es un apunte musical lo que poco tiempo antes era un simple lienzo.
“Muchas gracias por estar aquí, y por no ir con Los Románticos de Zacatecas”, bromea Fofo por el micrófono, pues en otro punto de la ciudad se presenta al mismo tiempo dicha banda zacatecana. “Se pueden parar por acá enfrente, esto es un concierto donde se vale bailar”, agrega. La gente responde a la invitación y se pone en primera fila para presenciar, vibrar, explorar lo intrincado de una narrativa como la mexicana, donde estar vivo ya es una suerte, donde el puro existir ya representa un desafío contra la muerte, ¿quién dijo que los metaleros y rockeros no bailaban?
Sube la pintura color sangre y comienza la “Danza de Buitres” con una dedicatoria a todos los buscadores de la verdad que son asesinados al tratar de develar lo que ocultan los corruptos. Los asistentes bailan, truenan y se ven absorbidos por los ritmos shamánicos.


No hay mejor manera de festejar el día del músico que con un evento como éste. Aprovechando el calor del momento, Fofo felicita a los músicos presentes, da las gracias a sus compañeros de banda y a las personas que apoyaron de alguna manera a la realización del evento. Invita además a apoyar a las bandas locales, y expone que, hoy en día, el músico también tiene que auto-producirse, por lo que hay que aprender a valorar el esfuerzo que se hace por sacar material original. Haciendo uso de su ya característico humor anuncia que la siguiente y última canción dura como 15 minutos, “así que si quieren salir al baño, pueden hacerlo ahora”, comenta haciendo sonreír a más de uno.
Empieza la obra maestra del álbum, El Último Blues, con tarolazos y riffs progresivos que no dan tregua y hacen vivir el presente con la potencia de influencias como King Crimson. Detrás de las ondas sonoras la complejidad de un cuento borgiano hecho música, la misma que esconde toda guerra, todo olvido, todo abismo.
Comienza la transición hacia el más allá, explota la realidad con un viaje entre senderos de niebla por donde naufragan las almas hacia la nada. El viaje se extiende, se prolonga como los momentos que valen la pena, y en el futuro se asoman gritos y aplausos. La experiencia es intensa, y la conclusión es una: esta noche, los Relatos y Siluetas han marcado el espíritu de las almas visitantes.

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Al final, Celso Piña no salió

Redacción por Roberto Hernández
Fotos por Iván GutiérrezLlegamos pasadas las 8 de la noche al Ceart, una plaza abarrotada de señores, de sombreros, de gorras, de carriolas, de niños, de gradas, sillas y de basura abandonada con indiferencia. Desde la cuadra a la redonda ya se oía Loquera Tradición y los algunos que no los ubicábamos confundimos su güiro con el que acompaña al Rebelde del Acordeón. Entonces apretamos el paso.


Ya en la plancha lo mismo se inundaba uno del olor a elotes cocidos que del ambiente, de piel enchinada por la festividad de escuchar a un par en el entarimado poniendo a bailar a un público acostumbrado a llegar temprano para apartar silla, sin importar si son Los Tigres del Norte o el mismo Celso Piña.
Abusando un poco de la confianza con la que vive Ensenada fui al escenario, sin necesidad de evadir a nadie, ni de infiltrarme o mentir para pararme junto a la consola de audio y preguntar quién movía los hilos. “Erick”, me dijeron.
Cruzamos palabras por unos tres minutos, “Erick” insistía en que Celso no daría entrevistas porque no organizaron rueda de prensa, pero me prometió que le diría y me acercara al final del concierto, para ver si se podía. Cinco minutos le pedí para hablar con él, “bueno, con tres me conformo”. Tuve fe.
Y salió Celso Piña, con su hablar adormilado, con su barba rebosante, con su ronda Bogotá y sus pantalones de mezclilla azules, zapatos negros que combinaban con la playera que se le ajustaba al cuerpo (y en algún momento la levantó para dejar ver su dorso lampiño).
El concierto cumplió. Nos cumplió a todos, creo: Macondo, Cumbia sobre el río, Los caminos de la vida, Aunque no sea conmigo y un etcétera que no recuerdo más allá de gente bailando, con los brazos al aire y algunas manos cargando latas de cerveza.
Un receso ensayado, para alimentar el ego y organizar un “oooooeee, oe, oe, oeeeeee, Celsooooo, Celsooooo” fue el precio para que salieron a terminar la cuota y cumplir a cabalidad con el repertorio que esperábamos: Cumbia poder.
Celso no se cansó de agradecer a Ensenada, incluso exhibiendo su inocente indiferencia por no recordar si había o no pisado esta tierra, luego concluyeron que sí “en un lugar más cercano a la playa”, pero lo que más llamó la atención fue ese agradecimiento y reconocimiento “a las autoridades, que no pusieron ninguna traba para el concierto”. A las 22:25 un pulgar recorriendo el cuello señalaba a los músicos que debían terminar. A las 22:30 terminó el concierto.
Salí a buscar a “Erick”, en el camino ahora sí me encontré un primer revestido de negro que me pedía esperar abajo del escenario incluso antes de preguntar si buscaba algo. Un segundo revestido, pero ahora con sombrero, me pidió irme, igual, sin siquiera saber si buscaba ayuda o hacer algún anuncio. La tensión era y estaba.
Junto me pasó el baterista, un Celso Piña pero de las percusiones, igual de barbado, igual de despeinado, igual de enmezclillado y con el mismo tono de voz; me cruzó por la izquierda, sudoroso, sonriente, con una humanidad que hace ver diminuta su batería, con esa sonrisa que le aprieta la cara y los ojos se dirigió a un grupo de encamisados detrás de mí “ah caray, ya me había espantado, hasta dije: ´ya llegaron por mí´”, y les dio la mano, con un andar pausado, como las escoltas en la escuela.
Sólo alcancé a mirar una placa de la policía colgada en un cinturón, la traía el más chaparro, la exhibía como escudo ante cualquier acercamiento. Mientras trataba de entender qué pasaba, el del sombrero me despertó cuando puso su mano en mi hombro: “no va a salir, me dijo Erick que le avise que no va a salir, está muy molesto porque le cortaron el concierto. ¿Ve a esos de ahí? Son los inspectores y vinieron a terminar el concierto. Celso está muy molesto, entonces no va a salir. Lo están tratando de controlar”. E imaginé a un Celso fuera de sí, gritando mentadas, odiando a las autoridades que no pusieron trabas, pataleando, hablando ininteligiblemente y diciendo “a la chingada”.
Nadie lo notamos, nadie se fue incómodo, molesto o decepcionado, había sonrisas, cuerpos sudados, celulares con videos y fotografías del Rebelde del Acordeón en su auge, en su hábitat. Todos caminaban hacia su siguiente destino, olvidando en el piso sus latas vacías de cerveza, sus vasos ahora sin café, sus papeles que quedaron a escasos metros del bote de basura. Y oí decir: “mmmmta, si de por sí nunca traen nada, y cuando traen algo bueno lo suspenden”.
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“Yo no vengo a cantar, yo vengo a dar el alma”. La bella tempestad de Flor Amargo

Redacción por Iván Gutiérrez y Victoria Zepeda
Fotos por Victoria ZepedaApasionada, enérgica, auténtica y talentosa. Así podríamos comenzar a describir a Mayté Carballo, mejor conocida como Flor Amargo, compositora del Estado México que integra géneros como el jazz, el pop y la música clásica para crear una experiencia musical explosiva que ella nombra como “Katartic-Pop”.

El pasado 5 de Julio Ensenada recibió a la cantante Flor Amargo, quien brindó un explosivo concierto lleno de canciones clásicas y propias que sembraron alegría, calidez, melancolía y goce en quien la pudo escuchar.
De melena china, piel morena y sonrisa que contagia vida, Flor Amargo es una de esas artistas virtuosas y enérgicas que tanto escasean en el mundo contemporáneo. Con un estilo que transmite sueños y sonrisas y canciones que abren el pecho para sacar despechos, lágrimas y nostalgias, la música de Flor Amargo se vale de recursos poéticos y la potencia de su voz para generar sonidos que siembran alegría, calidez, melancolía y goce en quien la escucha.
En 4Vientos nos dimos a la tarea de entrevista a la cantante previo a su presentación en Ensenada, con el objetivo de conocer más sobre una artista cuyo proyecto inspira a miles de músicos independientes alrededor de todo México y el mundo.
¿Cómo te sientes por acá, es la primera vez que vienes a Ensenada?
Es la primera vez que vengo, y la verdad tiene un ambiente muy profundo, muy místico.
Vimos que el día de ayer estuviste en las calles de Tijuana compartiendo tu música; en un video también sales tocando en el legendario restaurant Caesars, ¿cómo viste la reacción de los bajacalifornianos?
Últimamente la gente me ha apoyado más y como que ha conectado más con el personaje de Flor Amargo; me sentí muy bien porque el trío era muy bonito. Mi interés es rescatar a todos los tríos, poder hacer con ellos un concierto, giras, que abran los conciertos. La intención de Flor Amargo es abrir una nueva brecha para talentos independientes.
En todos tus videos y presentaciones siempre muestras una actitud muy eufórica y de fiesta, ¿cómo le haces para mantener de forma constante esa actitud?
Desde chiquita siempre tuve muchísima energía, sin embargo, tuve un problema de autismo, no podía yo expresar mis emociones, me la pasaba callada y me podía quedar en un lugar quieta, sin hablar y sin moverme. Fue a través de muchos golpes de la vida que empecé a reaccionar.
Ahora estoy muy contenta porque canalizo mi energía meditando, me encanta meditar, leo libros de Osho, de Buda, del taoísmo, de Jesús, de todas las religiones, y así he formado un concepto de que a veces hay que contagiar la felicidad, entonces esta energía viene del amor que yo le tengo a la música.
Hablemos de tu música, ¿cuál es el proceso que atraviesas para componer tus canciones? ¿Tienes algún lugar en especial donde te guste escribirlas/componerlas? ¿Qué te inspira?
Para componer canciones… para mí es necesario contactar con mi ser interno, con mi alma, y lo que hago es irme… alejarme. A veces me voy a un cuarto, a una esquina, y me voy contra la pared para poder sentir el silencio, y realmente me encanta la soledad, ¡incluso la calle donde vivo es Esquina Soledad!
La soledad ha sido para mí una maestra, ha sido lo mejor que me pudo haber pasado, ha sido vivir y estar sola. Casi no tengo amigos, mi familia está lejos de mí, y el hecho de aprender a estar sola me ha llevado a componer otro tipo de música. Para mí, más que un lugar donde componer, ese espacio es mi ser interior, irme adentro de mí.
En tu música sobresalen géneros como el swing, el jazz, la balada mexicana y hasta la música clásica, ¿cómo le haces para mantener un estilo tan ecléctico y no casarte con un solo género?El género musical de mi música me gusta definirlo como katartic-pop, porque pienso que todo está en las bases de la raíz de la música, porque hasta el reggaetón tiene las cuartas y las quintas y las terceras, y la música modal y la música de Bach —que Bach es el padre de la música (empieza a tararear una canción) —.
Entonces para mí el Katartic Pop es mezclar todos los géneros, partiendo del barroco, del romanticismo, el clásico, y yo creo que si tú mezclas una buena armonía acompañada de un sentimiento sincero, melódico y rítmico, logras obtener, sin importar el género, una trascendencia de persona a persona, de alma a alma.Para componer canciones… para mí es necesario contactar con mi ser interno, con mi alma, y lo que hago es irme… alejarme.
¿Crees que eso tiene que ver algo con el amor, con vivir la vida…?
Yo solamente creo que existen dos fuerzas, el amor y el miedo. Yo todos los días tengo un miedo diferente, tengo por ejemplo tengo una hipocondría muy marcada. Yo desde niña, como me dejaban encargada, me metían muchas ideas de que las manos, que los gérmenes… entonces realmente hoy lucho con ese miedo, y te puedo decir que la música me ha servido para superar la hipocondría, para superar mi depresión.
Soy muy depresiva, a pesar de que la gente piensa que ¡guau! Realmente yo lucho mucho contra mi negatividad, y la única manera en que yo he encontrado para salir de mi negatividad es a través de la risa, y me gusta reírme de mí, y me gusta ser cómica, creo que lo más bonito en la vida, para mí, es reírme. Entonces me voy a echar una risita (suelta una risa coqueta).
Platícanos un poco de tus discos, ¿cómo ha sido tu camino en cuanto a la producción independiente de tu música?
Cuando era yo una adolescente de 18-19 años hice mi primer disco y me fui a Italia, y yo sentí que iba a ser rockstar. Después no sucedió nada, me firmaron, me dieron mi carta de retiro y después hice un segundo disco de duetos, con el que conocí a Mon Laferte. Después hice un tercer disco que se llamó “Todos Somos Flor Amargo”, en el que metí a todos mis fans a hacer coros, y ahora, en este momento, siento que estoy en el punto más maduro de mi parte artística.
Esta vez voy a comenzar por mi esencia, que es la música clásica. Voy a hacer un disco de música que voy a presentar en el lunario, va a ser una música clásica Katartic Pop, va a ser música instrumental llevada a lo clásico con un toque moderno y divertido, y cómico. ¡La música clásica es muy cómica! Después haré un disco para niños y voy a finalizar uno con todas las mezclas.
En el video “Urge” dices que darías la vida por tus fans, ¿qué tan cierto es eso?
Mira, yo no tuve familia, mi padre se fue cuando yo era una niña, yo crecí muy sola, hasta que llegó mi hermana menor, y no tengo primos cercanos. Yo no tenía amigos, porque no me dejaban salir, vivía con un amiguito que de pronto iba a mi casa; muy sola, verdaderamente muy sola, mi única compañía era un tecladito que tenía.
Cuando llego a la escuela yo pensaba que todos me odiaban, porque me decían que yo era una loca, y que era una machorra y un niño pero que nací niña por error; fui realmente muy bulleada, y no tuve casi amigos. Cuando empiezo a hacer música me rechazaban en todas partes, me dieron mi carta de retiro y me dijeron “nunca vas a vender esto en ningún lado”.Yo creo que si tú mezclas una buena armonía acompañada de un sentimiento sincero, melódico y rítmico, logras obtener, sin importar el género, una trascendencia de persona a persona, de alma a alma.
Yo me acuerdo que vivía en una soledad inmensa y me había decepcionado de todo, entonces me dediqué a estudiar psicología en Ciudad Universitaria (CU). Hubo una vez en que me iba a estrellar en circuito interior, pero algo me dijo “detente”, el carro se orilló y pude llegar a la tocada que tenía, y ahí tuve un milagro, una revelación, fue la primera como epifanía que tuve en la música.
En aquel entonces caminaba 3 kilómetros diarios con mi teclado y mi mochila, yo me acuerdo que cuando veía mis hombros tenía marcado rojo horrible de haber cargado mis instrumentos todo el día, pero era feliz. Me llegaba un olor a coladera cuando tocaba para gente en situación de calle, pero yo estaba dando mi gran concierto para los homeless y toda la gente de las calles, y lo disfrutaba.
Ahora, después de tanto tiempo, valoro todas esas experiencias desde el fondo de mi alma. El día de hoy, cuando fui a Los Ángeles, que estaba lleno el lugar, en un país que visito por primera vez, la gente coreaba tanto las canciones que ni se oía mi voz. Dije, “¿Cómo… no voy a amar… a mis fans? ¡Si gracias a ellos estoy viva!”. Hoy puedo decirles quién soy a través de la música, ¡yo todo, todo se lo voy a deber a mis fans! Para mí mis fans están antes que cualquier cosa.Hay veces que se me reúnen después de los conciertos y quieren firmas de autógrafos, sin embargo ya me he tenido que cuidar más, porque me han lastimado porque es mucha la emoción; yo los entiendo porque yo también me emociono, pero a veces con las copas y como ando en bares y todo, tengo que cuidarme un poco más.
Sin embargo, me voy a mi camerino y siempre trato de pasar y abrazar a la mayor cantidad de gente, porque yo les debo todo. Si alguno de mis fans lee esto, quiero decirles que de alguna manera estamos conectados, y que aunque no nos conozcamos de “Hola”, nos conocemos por la canción, y eso es más trascendente y nos vamos a encontrar en algún punto. Ustedes son mi familia, son la familia que siempre busqué, yo le agradezco a Dios que me colmó de ustedes.
¿Qué significa para ti, en pocas palabras, el amor, la vida y el tiempo?
El amor es esa esencia mágica, esa fuerza que te hace lograr lo imposible; el tiempo se me hace algo inexistente, relativo, el tiempo nada más nos está diciendo “te queda tanto”, si bien también nos ayuda a lograr sueños; y la vida, para mí, son todos esos pensamientos, anhelos, amores… todas esas emociones puestas en una realidad para crear algo, que para mí es la música, nada más que música, ¡todo está perfectamente ordenada, todo está perfectamente alineado, y uno lo único que tiene que hacer es hacer el arte de la confianza, confiar y crear!
¿Piensas en alguien cuando interpretas baladas clásicas como “Sabor a mí”? ¿O de dónde sacas tanta pasión en tus interpretaciones vocales?
Yo creo mucho en las vidas pasadas. Yo siento que soy un alma muy vieja, que he vivido muchas vidas, cada vez que alguien ve mis manos no puede creer que tenga tantas líneas. Yo creo que mi pasión al cantar proviene de muchas heridas o dolores de vidas pasadas, que al tratar de poner con mi voz, es como si saliera un llanto y a la vez una pasión sin que yo misma supiera de dónde.
Mi padre es poeta, vengo de una familia que viene de una pobreza extrema. Mi madre creció en Acapulco (ella es de Guerrero), y me cuenta que no tenía zapatos, jugaban en las calles y estaban descalzos y movían la panza y les daban 50 centavos, y a veces no había para comer y ellos mismos se preparaban sus platillos, y me cuentan que se iban con los gringos y ya sabes. Yo creo que toda esa parte de mis vidas pasadas, de mi abuela, de mi madre, a través de mi voz cobrna vida, todas esas historias, esos dramas, esas alegrías. Yo no vengo a cantar, yo vengo a dar el alma, la que canta es mi alma, mis entrañas, no mi voz, yo creo que de ahí viene.
¿Cuál ha sido el reto más grande al que te has enfrentado haciendo música de forma independiente?
El mayor reto para mí, como músico independiente, he sido yo misma. Yo pensaba que sólo con una disquera o con un manager iba a poder, y yo tenía miedo de seguir mi sueño, y creo que uno de los mayores retos a los que me enfrenté fue la calle, porque yo me acuerdo que cuando comencé decía “híjole me van a decir que estoy loca”. Y realmente viví todo: viví que me aventaran monedas y me dijeran “toma para que comas”, y que me dijeran muchas cosas, y la verdad es que el día de hoy cuando me subo a ese escenario llevo un background muy enriquecido. He cantado para niños, para señoras de la tercera edad, para asilos, para niños con síndrome de Williams, durante 15 años he sido maestra de música. Creo que al subir a ese escenario, he vencido todos esos retos.Yo creo que mi pasión al cantar proviene de muchas heridas o dolores de vidas pasadas, que al tratar de poner con mi voz, es como si saliera un llanto y a la vez una pasión sin que yo misma supiera de dónde
Y yo les digo a todos los artistas que el mejor camino para ser independiente es: 1. confiar en tu intuición, 2. No esperar que alguien resuelva tus problemas por ti, no esperes que alguien te abra un camino que tú mismo no sabes cómo abrirte, y 3. El mejor consejo que yo les puedo dar es “conózcanse”, sepan quiénes son, por qué están ahí, qué es lo que quieren, ¿quieren fama? ¿Quieren reconocimiento? ¿Cuáles son sus heridas? ¿Qué es lo que quieres expresar? El arte es alma, ¿qué hay en tu alma? ¿Quién eres? ¿Qué mensaje quieres transmitir? Eso es lo que yo recomiendo: responder esas preguntas antes de empezar, para que así surja el camino.
¿Cuál es la anécdota más bella que te ha pasado?
Yo creo que una de las más bellas fue… una vez en el metro, estaba yo cantando con mi teclado, era ya tarde e iba con un compañero que realmente tiene un pasado muy complicado, es de las historias más difíciles de vida. Hicimos una oración, y al salir a ese metro empezó a llegar gente, y cuando estábamos cantando tiempo, la gente se tomó de los brazos: señores, señoras, viejitos, viejitas, niños, y empezaron a tomarse de la mano y les dije “ahora vamos a cantar”, y abrimos un círculo y parecía como si… como si del metro hubiera… surgido una fuerza, y estaba llorando la gente mientras se tomaba de las manos, y cantábamos “la vida está hecha de momentos…”, ¡y estábamos en el paraíso, ya no había cantante, ya éramos la música, ya no había Flor Amargo, ya no había estación Azteca, nada, éramos uno solo! Nunca voy a olvidar ese momento, ese fue quizá uno de los momentos más bellos de mi carrera.
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Los Días de Fuego de Odisseo visitan Ensenada

Fotos y redacción por Iván Gutiérrez
Odisseo, banda mexicana de indie rock, visitó la ciudad de Ensenada el pasado jueves 8 de junio, ofreciendo un concierto gratuito para el público porteño en un centro nocturno de la avenida Ruiz.
Con Juan Pablo López en la voz, Daniel León en la guitarra, Edgar Macin en el bajo, Rodolfo Guerrero en los sintetizadores y Manuel Uribe en la batería fue que esta grupo musical ofreció un animado concierto, en el que interpretó canciones como “No”, “Días de Fuego”, Odio + Deseo”, “Los Imanes” y “Barry”.
Dado que el estilo musical de Odisseo integra influencias de géneros como la balada romántica, la música disco, el new wave y el rock alternativo, más de una canción del grupo fue acompañada por coros y bailes del público, quienes emocionados se dejaron llevar por las vibras de sintetizadores ensoñadores, guitarras semi distorsionadas y letras sobre experiencias amorosas.
Formada en el año del 2010 en el municipio de Ecatepec en el Estado de México, Odisseo ha editado 2 discos y un EP, ha participado en la composición de bandas sonoras de series de TV, así como en dos Vive Latino, en tributos y giras que los han consolidado como una de las bandas jóvenes más importantes de México.
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Cuando Siddhartha conquistó Ensenada

Redacción por Iván Gutiérrez
Fotos por Iván Gutiérrez y Humberto Rosales
Video por Humberto RosalesCamilo Séptimo y su advertencia sobre los riesgos de confiar en la persona equivocada se proyectan en la pantalla del escenario de El Pato. La música construye en el imaginario colectivo la escena vintage de un carro clásico en el que una pareja se corteja a través de la cámara que cultiva sensualidad: en este juego los besos son armas de fuego.
Camilo Séptimo y su advertencia sobre los riesgos de confiar en la persona equivocada se proyectan en la pantalla del escenario de El Pato. La música construye en el imaginario colectivo la escena vintage de un carro clásico en el que una pareja se corteja a través de la cámara que cultiva sensualidad: en este juego los besos son armas de fuego.
La playlist del resto de la noche girará en torno a esta atmósfera: Zoé, Techicolor Fabrics y Vetusta Morla cobran vida por las bocinas para un público que seguramente también gusta de escuchar Devendra Banhart, Monocordio, Jardín, Tame Impala, Entre Desiertos, Adán Jodorowsky y Arcade Fire.
La playlist del resto de la noche girará en torno a esta atmósfera: Zoé, Techicolor Fabrics y Vetusta Morla cobran vida por las bocinas para un público que seguramente también gusta de escuchar Devendra Banhart, Monocordio, Jardín, Tame Impala, Entre Desiertos, Adán Jodorowsky y Arcade Fire.
La bodega que hoy alberga a la subcultura siddarthiana se distingue por sus paredes de ladrillo, su techo de madera y sus luces de focos vintage. Frente al escenario la multitud que hoy ha llegado temprano se mueve mientras inicia desde ya a combeber y preparar el cuerpo para la conexión estelar.

Tras conversar con Marisela Sánchez —integrante de MedMusic, plataforma a cargo de la organización del concierto de esta noche—, me quedo con la impresión de que este espacio se puede convertir en el lugar idóneo para las bandas independientes nacionales del género. Esta idea se refuerza al recordar que Costera se presentó aquí a principios de año, y me convenzo más al descubrir que Odisseo vendrá el próximo 8 de junio a llenar el Pato de música alternativa.
“La idea es proyectar la escena, disfrutar de un concierto como se vivían antes, estando parados y cerca del músico, prestándole atención a música nueva. Revivir esta parte de la escena sería el objetivo”, comenta con mucho entusiasmo Marsiela.
Con celular y/o chela en mano algunos de los jóvenes asistentes se toman las obligadas seflies mientras sobre el escenario se crean figuras de humo technicolor. Dan las 10 de la noche y Siddhartha atraviesa la puerta de El Pato mientras la juventud grita con la emoción acumulada por la serie de momentos/recuerdos que se avecinan.Comienza 8 tracks en Stereo y la vibra del romance de la adultez temprana se esparce por el aire. El estilo Rockabily-Beatle fusionada con la balada mexicana rebota por las miradas, acaricia las mejillas y agita la marea de caderas, facilitando que fluya la sensación de una sonrisa melancólica, de aquel amor que se apagó pero cuya huella permanece intacta en un rincón del pecho, aflorando cuando la música correcta abre las ventanas del recuerdo: “Aún puedo hacerte sonreír”, dice la rola.
Tras calentar los motores de la audiencia 8 tracks termina su parte. Es interesante descubrir que este grupo en su momento compartió escenario con las bandas más representativas de la ola independiente mexicana; ya está en el horno una entrevista para que sepan más de esta propuesta. Desde las bocinas Pucho nos recuerda que “ser valiente no es sólo cuestión de suerte”. Seguramente así, tocando en un bar como éste, fue que iniciaron bandas como Vetusta Morla.
Little Yisus atraviesa el aire y la magia de la música aparece: decenas de desconocidos se mueven al mismo ritmo y comienzan a cantar juntos “di-me qué, va a ser, de ti… cuando seas grande, será muy tarde…”.
Las luces se atenúan, la gente se aproxima al escenario, ¡aparecen los gritos!, la música de fondo desciende mientras la euforia transita por las venas de los cientos de jóvenes reunidos para disfrutar el show de unos de los íconos más representativos del Indie-rock en México.
Siddhartha, con camisa de caminos abstractos y cabellera igual de libre que su alma ha entrada a escena. Inicia la función estelar y bastan un par de segundos para reconocer que el show será impresionante no sólo por la música, sino por el gran espectáculo de artes visuales que acompaña a la agrupación. Las pupilas reciben el impacto de una balacera de colores, destellos, ¡fuego!
La vibra de los sintetizadores ponen la escalera perfecta para comenzar el viaje: “El aire… casi me parte en dos… casi me vuelvo yo… casi me voy…”, canta el Náufrago. Una espiral psicodélica lleva a los visitantes de El Pato por el destino que indica la canción: el adiós del hoy que ya es un recuerdo nostálgico.
Nacido en Guadalajara, Jalisco —estado reconocido por ser hogar de bandas como Porter, Descartes a Kant y Technicolor Fabrics—, Jorge Siddhartha González Ibarra empezó su prolífera trayectoria de solista con el lanzamiento de su primer disco Why you? (2008), al que le siguieren Náufrago (2011), El Vuelo del Pez (2014) y por último, Únicos (2016). Siendo un ícono de la música independiente en México por impulsar el sueño de que cualquiera puede triunfar en la música si se sabe transformar la pasión y voluntad en actuar, el jalisciense ha ganado reconocimientos en los premios Indie-o Music Awards (categoría de Mejor Álbum de Rock Solista) y ha sido nominado al Latin Grammy (categoría “Mejor álbum de rock vocal”), junto a Andrés Calamaro y Chetes.
Comienza la rola siguiente y el coro de almas canta con pasión. Guitarra acústica en mano, círculos que se atraviesan y replican, la desnudez rojiza proyectada en (por) el artista, celulares en mano que quieren registrar cada detalle de la experiencia irrepetible de la vida misma.
“Buenas noches Ensenada, este es el primer show de tres que vamos a estar realizando por acá en Baja California, muchas gracias por ayudarnos a empezar con toda su energía”, comenta Siddhartha, tejiendo desde ya la estrechez con el público. “Este tema trata un poco de esa energía”.
Detrás del músico un triángulo blanco. En el centro un iris escarlata que proyecta el interior del estar-enamorado. Viene el relevo con una mirada femenina color cafeína que se traslada al corazón. ¿Cómo no desbaratar ladrillo a ladrillo el rompeolas tras caer presa de esa luz?
“Esta rola que viene es de un disco que se llama Náufrago”, comenta el joven de 27 años a sus fans. La juventud responde con la emoción atesorada tras escuchar incontables veces estas rolitas en Spotify y ver decenas de sus videos en YouTube. Alrededor las parejas se abrazan, se sumergen y nadan en el estanque que emana de la voz aterciopelada acompañada por guitarras limpias y el sonido ensoñador de los sintetizadores.
Los aplausos de los fans son relámpagos que llenan de combustible los instrumentos de los músicos. El recuerdo de aquella persona que ahora es un extraño más sale a relucir esta velada: “Vamos alejando el recuerdo, que nos deja cada momento…”. Una esfera púrpura gira en el centro de la contemplación mientras las miradas cantan con la misma vibra con la que las luces del lugar tejen prismas en los cuerpos.
“Esta noche venimos a complacerlos, a tocar lo que ustedes quieran”, revela Siddhartha, y la réplica del público es inmediata. Un túnel donde habita la brisa aparece; en su interior rebotan las letras sobre el nacimiento y muerte de un romance que se hizo infinito. El sueño se ha apoderado de las miradas cerradas, almas hipnotizadas que se trasladan a historias que Siddhartha refleja tras desnudar las ilusiones de los asistentes. “Y fue una forma de saber… que estábamos vivos…”.
“¡Control!”, “¡Colecciono planetas!”, “¡Volver a ver!” claman los jóvenes a la espera de escuchar sus rolas favoritas interpretadas por el compositor. El artista responde con un arrullo: “Te vas a morir… si vuelves a hacer poemas…”. El aura de la melancolía invade la estancia creando formas que juegan a unirse y separarse como si con cada nueva soledad no quedara una herida profunda. La rola cierra con un coro acústico de ojos cerrados mecidos por la marea, para rematar con un potente homenaje beatliano: “¡Dont Let Me Down!”.
“Qué chingón está Ensenada, que rico vivir al lado del mar…”, enuncia el músico, para iniciar con Ecos de Miel; las supernovas generadas por la colisión de dos fuerzas opuestas dejan un soplo en el corazón, en donde la energía se transforma en sentido, en canción.
Inicia la persecución, suena una de las canciones más icónicas del músico, que lanza preguntas como flechas: “¿y qué va a ser de mí, cuando te vayas?”… ¡Estalla la pregunta fundamental del coro!: “¿Qué más hay?”. El final de una historia como un nuevo comienzo, que al igual que todo parto implica dolor, sufrimiento, un arrojo al mundo lleno de incertidumbre: el comienzo de la falta de control.
El público, embriagado por la música, exige más, quiere que la vibra siddharthiana no pare de fluir, y el artista responde: “Baaaacalar…”. El auditorio se ahoga en un océano romántico donde los ecos del viento abren paso a una juventud entusiasmada que desde hace tiempo se merece este concierto.
“Pidan lo que quieran, a todo le vamos a dar gusto”, comenta con lenguaje seductor el joven músico. “¿A todo?”, pregunta con mirada coqueta una fan. “Si quieren bailar con nosotros, adelante”, invita el artista con pandero en mano, para de inmediato darle vida a Fuma y empezar una danza que se contagia como la libertad.
Fuera luces. Cambio de instrumento, una guitarra acústica inicia con el arpegio representativo del Náufrago. Siddhartha ha logrado lo que pocos músicos en Ensenada consiguen: ganarse a uno de los públicos más difíciles de ¿la región? ¿El país?
“Ya no hay vuelta atrás…”, dice la letra escrita en los párpados de cada uno de los más de 300 asistentes del lugar, quienes desbordan sudor, alegría y éxtasis. Lo que más refleja el sentir de este concierto es la presencia de un público significativo que no está siendo atendido por la ciudad; musicalmente, la demanda local de más música indie y alternativa de calidad existe, y cada palabra cantada por los jóvenes de esta noches es prueba de ello: “Y aaal mirarte a la distancia…”, se corea por los asistentes con cien mil veces la potencia con la que cantan el himno nacional. Los gritos que surgen después de cada rola exhiben la euforia que flota en el aire.
Cuando parece que la emoción no puede alcanzar mayor frecuencia, el público reacciona al iniciar “Loco”, rolita compuesta en colaboración con el sonorense Caloncho (de quien el músico también es productor, al igual que de Technicolor Fabrics). Siddhartha conoce el secreto para un concierto real: sabe que escuchar e integrar en el concierto a los fans es el objetivo final.
Llega el momento de presentar a los integrantes del grupo, todos ellos recibidos con una ovación de estadio de futbol: Cheubaka en el bajo, Orlando en la batería, Rul Volta en la guitarra y Erick Rangel (primo de Siddhartha) en el teclado.
“Esta es la primera de muchas veces que estaremos tocando por aquí próximamente, porque creemos que es importante levantar la escena independiente y contracultural, y demostrar que hay música que puede transformarnos para bien”, rafaguea por el micrófono el artista.
Un polígono hexagonal se forma al conectar todos los nodos separados que esta noche forman este mosaico cósmico. “Y otra vez… porque ahora somos Únicos, los únicos…”, inicia uno de los últimos hits siddharthianos. El artista baila con espíritu aventurero; en el corazón amanece y no hay cadenas.
La voz de Siddhartha es uno de los elementos que más caracterizan su música: en ella cobran vida los relatos, las experiencias, las formas de entender y sentir el amor (y su tragedia), sensación compartida por muchos de esta generación. Esta noche las melodías de González Ibarra son el núcleo que integra un círculo adentro de otro. Siddhartha ha demostrado que es un artista alejado de la categoría de “Rockstar”, a diferencia de otros grupos del mismo género que muchas veces no consiguen conectar con su público.Inicia “Cámara” y el final del concierto se aproxima. Una bruma arropa los rostros alegres, enamorados, ilusionados, cansados, atormentados: comprendidos. Los sintetizadores elevan el ánimo, en cada momento se respira el sol.
El último acto de entrega del músico es una representación perfecta de lo que se ha creado esta noche: fraternidad, empatía, comunidad. Siddhartha baja del escenario con guitarra en mano. Toca, abraza y se convierte en parte del público. La vibra es tal que ya no hay separación, la unidad es absoluta, la complacencia estética ha desbordado toda expectativa. Esta noche Siddhartha es nosotros, y nosotros somos Siddhartha.
COBERTURA AUDIOVISUAL





































































