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  • ¡Noche de Tranzas! Crónica de una noche sin Ratigan

    ¡Noche de Tranzas! Crónica de una noche sin Ratigan

    Redacción y fotos por Iván Gutiérrez

    Cotorreo Xibalbero en la Noche de Tranzas. Esta noche la lista de reproducción la ponen los ensenadenses Smith Wills, Shamán Bombay y A Mexican Banda, de Mexicali nos acompaña Isr Sach y desde Tijuana viene Ratigan a echar desmadre.

    I. LA PUTA DEL PROLETARIADO

    Las almas condenadas a los estragos del cambio climático y la lenta pero segura escasez de los recursos (¡Gracias humanidad capitalista voraz!) se reúnen una vez más en uno de los hogares de la contracultura ensenadense para compartir lo que el paso de los días ha dejado en sus vidas.

    Tras saludar a los camaradas de costumbre dos amigas me comparten sus más recientes creaciones artísticas: un par de pinturas en acuarela donde la psicodelia florece y cultiva formas y escenarios surreales. “Fue un dibujo colaborativo, lo fuimos haciendo entre las dos, estuvo bien chido”, me comenta Fátima, una de las creadores de la obra; no oculto mi sorpresa, pues las colaboraciones son raras en este tipo de arte, al menos en Ensenada.

    Timna, la otra responsable de la pintura y también vocalista de Palomazo Cósmico, me recuerda que mañana (domingo 28 de enero) inicia una serie de conciertos para juntar fondos que les ayuden a sustentar una gira por la república mexicana junto con las chicas de Melbeat.

    “¡Idiotas, ilusos!”, comienzan a proferir los Smith Wills mientras la vibra gótica post-punk se escabulle por los pisos y paredes de los cuerpos. “Si tú me odias, ¿por qué no puedes verme?”, pregunta el bajista de la banda mientras los compases oscuros del power trío expresan ecos y heridas permanentes, esos traumas que todos ocultamos en la vida cotidiana para no caer en crisis existenciales ni afectar la mecánica productividad.

    Bajo y guitarra cantan con un solo micrófono, desconozco si por falta de más equipo en el bar o qué razones hay detrás de la escena, pero la imagen me pone a pensar en la sincronía necesaria para que una banda haga buena música.

    “Animales enjaulados, ¡sin cuestionar!”, es la protesta de esta familia de músicos. Los gritos, inquietudes, frustraciones y mundos de una parte de la juventud porteña cobran vida aquí al ser enunciadas, manifestadas, expresadas; en este caso, la farsa que interpretamos cada uno a nuestro estilo y manera, al jugar con la variedad de máscaras que describiera en su momento Octavio Paz.

    Mientras continúa el primer número de la noche le pregunto a tres compas músicos su opinión sobre la banda; todos concuerdan en que está chida.

    Coincido con ellos, pero asoma una pregunta. Si no sólo la música, sino también el ambiente y el espacio están chidos, ¿por qué no suele llenarse este lugar? Creo que es una mala señal que del 75% de los tokines xibalberos, el 80% de los asistentes sean los músicos de otras bandas.

    Carlos, guitarrista de Boreal Magma, me da una posible respuesta: “Yo no sabía del tokin”. “¿Y cómo te enteraste?”. “Porque fui primero a otro tokin”, comenta, refiriéndose al evento de despedida del Spirit Lounge, una “tardeada” seguramente parecida a la del 7 de enero; lástima que los más jóvenes se queden sin el espacio que apenas comenzaban a apropiarse.

    Sigue la “paranoia” de Smith Wills y quedo sorprendido al prestarle atención a la destreza de Meredith, baterista del grupo que maneja múltiples cambios y ritmos que le dan buena potencia a las rolas (a veces el vocabulario y el conocimiento no da para hacerle justicia a la descripción de la música).

    Vuelvo a la reflexión anterior: ¿es que hacen falta más espacios de difusión? Quizás como generación no hemos sido capaces de ver el potencial de tejer redes virtuales, de crear verdaderas condiciones para que la información fluya como lo hacen los memes.

    La última canción de la banda es “La Puta del Proletariado”, manifiesto de inconformidad contra un sistema diseñado para enajenar las almas de las clases trabajadoras. Al terminar me entero que hoy no tocará Shamán Bombay porque “les salió un jale”.

     II. ¡SATANÁS MALDIGA A LOS ROCKEROS POR REVIVIR A LOS MUERTOS!

    Mientras espero a que inicie la siguiente banda recuerdo el último tokin del Spirit Lounge. Aquella vez tocó una bandita de morros de nombre “Toxic Vibes”, nueva generación de músicos que escucha y toca Nirvana, Pearl Jam y demás grupos noventeros. Guste o no el género, el talento del vocalista es innegable: escucharlo es volver a sentir el grito del grunge.

    Converso con el Chava, administrador del Xibalba, sobre ideas del porvenir y le pido ayuda para la entrevista con Ratigan: “pregúntale por la Familia Alterada”, me sugiere. Comienza a tocar A Mexican Band, proyecto tributo de integrantes de Envergadura a Gran Funk RailRoad, banda ícono del rock setentero. El ambiente cambia radicalmente y la vibra depresiva-caótica del grupo pasado muta en escena rockera.

    El Wong rasga la guitarra con estilo, sabe sacarle el sonido preciso del blues-funk-rock a la vez que sus gritos se disparan con el sentimiento grandfunkero. Si a ello le agregamos el talento de la batería del Chilango (o Josué), desempolvada para bien después de varios ayeres, se tiene la ecuación perfecta para hacer reventar las venas. El bajista por igual es muy bueno, se ve que sabe mover los dedos para que las melodías caigan en su lugar.

    Desconozco el nombre de las canciones, y en lo personal no he escuchado tanto Gran Funk, pero me atrevo a afirmar que lo que escucho es un buen tributo. Otros compas opinarán lo mismo más tarde en la azotea, y el Wong me comentará más adelante que algunas de las rolas del tributo son Sin’s a good man’s brother, Inside looking out, I´m your capitan,  I can feel him in the morning, All you got is money y Got this thing on the mood.

    Alejandro Wong y Josué Domínguez, también integrantes de Envergadura

    «Es como si estuvieran tocando rolas hechas para su banda», me comentará el Benja, guitarrista de Shamán Bombay, para luego conversar más sobre la banda tributada, «La rola de “We´re an american band” es el ejemplo de los tiempos de drogas, sexo y rockroll, habla de que llegan a los pueblitos a tirar desmadre en los hoteles y destrozar toda a la verga. Por eso luego nadie los quería recibir, porque sabían que iban a hacer un cagadero en donde se quedaran».

    [A Mexican Band en el tokin del euro del domingo 28 de Enero]

    Entre las recomendaciones que me llevaré esta noche está la de escuchar “Phoenix”, disco del que «deberían tocar aunque sea una rola» (falta tecladista, excusará Josué), y buscar el concierto con el solo de Don Brewer golpeando la tarola con cabeza afro (en esa búsqueda virtual me encontraré también una entrevista muy interesante que incluye la opinión de los músicos sobre el tabú de las drogas en Estados Unidos [minuto 41]).

    Pienso en el origen de este tributo. A uno de estos cabrones, en determinado punto de sus vidas, les llegó un disco, un cassette, una estación de radio, un video o un tokín como éste que les permitió sentir la fuerza del rock-funk de otros tiempos; quizás el ciclo haya iniciado de nuevo con la presentaciones de la banda con las nuevas generaciones reunidas en el Spirit Lounge.

    Al final interpretar una rola es darle vida a los músicos que la compusieron, al igual que leer un libro es dotar de presencia y existencia al pensamiento de un escritor. ¡Satanás maldiga a los rockeros por revivir a los muertos! En el caso de Grand Funk, el Benja lo dirá con claridad: “todos eran músicos vergas”.

    Termina el tributo vergas y sigue el turno de Isr Sach (o Israel Sánchez), quien trae un proyecto inclinado a la música electrónica Synthpop, Industrial, Dub, Dancehall y Trip-Hop. Curioso es que a la vez que comparte su música, en la azota del Xibalba cobra vida un debate clásico, para algunos áspero, para otros viejo y ridículo: ¿son o no músicos los djs? Los comentarios expresados me los guardo. ¿Usted qué opina?

    Al terminar de tocar comparto un cigarro con el Isra, compa de un viaje por Chile de hace años, quien inició su carrera profesional como solista dentro de la música comercial en el 2011. Tras lanzar su primer EP “New age” a través de Soundcloud, en 2016 sacó su primer disco “Dis is ElectroStuff!” en plataformas. Hoy trabaja en su segundo LP, del que esta noche pudimos escuchar algunas rolas.

    Siguiendo con una de las incógnitas que más me inquietan le pregunto a Israel por la escena en Mexicali: “Tampoco se mueve como debería, no está muerta pero tampoco muy viva. El pedo es que la gente no se lo toma en serio, no lo ve como un negocio, y no porque el dinero sea lo más importante, pero al final hacer música es una inversión, inversión de tiempo, esfuerzo y también dinero”.

    El músico remata con comentarios muy certeros de su propia experiencia: “Creo que no basta con hacer buena música, tienen que encontrar la manera de darse difusión. No basta con invitar a tus compas al tokin, porque tus compas no te van a dar de comer”.

    La noche sigue, y entre cigarro y caguama los compas hablan de un posible tributo a Frank Zappa (leyendo del rock y productor en su momento de Grand Funk), de la impresión de camisetas con un nuevo diseño, de los próximos tokines y también de los viejos proyectos, de los ensayos en estados alterados de conciencia, de los efectos de las drogas, del after…

    Se acumulan los minutos y lo que al principio parecía como una ligera falla técnica de la consola se convierte en el final del evento: esta noche no toca Ratigan. Por más músicos que se asoman al pequeño aparato necesario para tirar desmadre, es imposible resolver el asunto. Una verdadera lástima, pues más de uno queríamos ver el show en vivo del músico junto con los visuales que tenía planeado proyectar sobre la lona arriba del escenario.

    Entre miradas decepcionadas y “ni pedo la vida sigue” me acerco a quien reconozco como “Ratigan” y le pido una entrevista. Me dice que arre y lo acompaño a su carro para dejar los instrumentos. En el camino hablamos de la mala suerte que impidió que tocará hoy, pero me anima ver que a pesar de ello el músico mantiene el entusiasmo arriba: “Qué mal pedo, pero ni pedo”.

  • Enjambre y los Imperfectos Extraños

    Enjambre y los Imperfectos Extraños

    Redacción por Iván Gutiérrez
    Fotos por Humberto Rosales

    Noche hipster en el Abels. Hoy una tribu urbana peculiar ha inundado cada rincón de la casa del rock alternativo de Ensenada, con el objetivo de disfrutar una noche de indie-rock con Hermann Haze y Enjambre.

    Sube la primera banda al escenario, integrada por Rey Camacho (Guitarra), Eugenio Patiño- (Voz y Guitarra), Alfonso Cota (Teclados) y David Sánchez (Batería), para iniciar a tocar canciones que mezclan ritmos de blues, bases de baladas que escuchaban mis padres y uno que otro acento cósmico.

    La influencia del indie está clara en composiciones aderezadas con toques psicodélicos, y me atrevería a decir que entre sus influencias seguro están Los Beatles, Tame Impala, quizás Siddartha y The Strokes.  El sintentizador ayuda mucho en la creación de atmósferas que se van volcando una sobre otra; toques de rock progresivo parecen querer asomar por los sonidos bluseros del bajo.

    Me da la impresión de que tienen potencial y no tocan mal para el tiempo que llevan, pero me parece que no han logrado salirse de lo básico, de una receta ya muy digerida y desgastada; darle más presencia a sus formas agresivas y progresivas podrían cambiar eso, en vez de quedarse en las bases del confort.

    “La siguiente canción se llama Low Life, una canción de mujeres y drogas, esas cosas de las que te prendes bien cabrón y luego ya no las puedes dejar”, comenta Eugenio por el micrófono. Un amigo se ríe y me comenta: “No mames, como ninguna canción habla de eso…”.

    Gracias a los que han ido a los tokines pasados y a los que nos escuchan por primera vez”, comentan los Hermann Haze; debo reconocer que el nombre está chido. La última canción me convence de que los sintez son una evocación a Tame Impala, mismos que se funden en una armonía de guitarras que me recuerda a Weird Fishes/Arpeggi; son señales de que el grupo tiene posibilidades de convertirse en una banda chingona; así lo reafirman los aplausos del público. 

    Mientras sube la banda estelar, cotorreo con una colega de Smith Wills sobre lo que acabamos de escuchar: “Me late el proyecto, sobre todo porque casi no hay bandas del género en la ciudad”. En la conversación hablamos de la escena local y llegamos a dar con el proyecto experimental de Entre Desiertos: “Están muy perros esos weyes, tocamos con ellos el año pasado en Tijuana y no manches, tienen un chingo de apoyo, me quedé sorprendida, era como si fueran famosos”, agrega la baterista. Al fondo suena Money, de Pink Floyd.

    Una ovación recibe a la banda principal junto con un ejército de teléfonos celulares. “¡Órale, sí vinieron!”, comenta Luis Humberto Navejas, vocalista del grupo. “Buenas noches, nosotros somos Enjambre, de Zacatecas, muchas gracias”, comenta para iniciar el concierto con el zumbido ascendente de Celeste; al concluir esta primera pieza se alza el coro que se escuchará el resto de la noche: “¡Enjambre, Enjambre!”.

    Prosigue el concierto con los teclados trágicos que dan inicio a la explosión que hunde la serenidad en el caos de Hematófago: “El zumbido en mi oído no me deja dormir, todo en mi interior me hace sufrir”. Los fans al frente de los músicos cantan la locura insectoide como todo aquel que siente la música de una banda como suya.

    La diferencia entre la música de los zacatecanos y el proyecto local se hace presente. Si bien no se puede comparar la experiencia y los años de trayectoria de ambos proyectos, una pregunta surge: ¿Qué se necesitará para que Ensenada haga música de este nivel? ¿Más preparación de los músicos? ¿Más apoyo a las bandas? De una u otra manera, Enjambre también inició como un proyecto independiente en un rincón de una ciudad. 

    Suena En Tu Día, canción de teclados alienígenas. Al llegar el coro los jóvenes reunidos esta noche gritan con éxtasis “¡No dejes de sonreír!” mientras levantan las manos hacia los músicos.

    Inicia Dulce Soledad y la raza enloquece con el clásico melancólico de la banda, canción icónica que marcó el estilo del que, en mi opinión, fue su mejor disco: Daltónico. Alrededor, todo el mundo canta como si no importase quedarse sin voz por el resto de su vida: “Y observo a gente que está acompañada, que intercambian sonrisas, palabras y miradas…”, dice la canción dedicada a la más fiel enamorada.

    Pero en cambio a ti te tengo, mi fiel enamorada”, se grita al unísono mientras el vocal estira el stand del micrófono para hacer parte del acto a los imperfectos extraños congregados esta noche.

    Queremos decirles que hoy, aquí, cerramos la gira de nuestro nuevo disco, ¡muchas gracias!, comparten los músicos.

    “Nueve años pasan volando y estos pasaron también”, canta Humberto, quien se entrega a cada palabra, gesticulando con cada centímetro de su rostro el sentimiento que canta.

    Empieza un clásico para los fans de antaño, cuyo coro inconfundible grita: “¡Corazón te vi, ya no me engañas!”. La voz combinada del público le gana al estruendo de las bocinas, abriendo un rato la llaga con el bisturí para dejar fluir el dolor.

    Suena un teclado que teje un escenario cálido y comienza Eliza, Mi Hortaliza: “Ella es de un color que nadie conoce, y en la hora 25 aparece”, dice la canción que abraza a la madre mexicana como aquel último refugio. Mientras escucho la rola pienso en qué sería de Enjambre sin esa voz capaz de romper límites e igualarnos a todos con esas letras que nacen del interior: “Dios, me habla por su voz”.

    Las potentes guitarras de Julián Navejas y Javier Mejia me callan la boca al momento, tocando un excelente estribillo con esa distorsión tan propia de ellos. “…en el día entre el primero y último del año, ahí estaaaaá”.

    Más adelante la presencia de una costumbre nos sorprende: “Estas soooon, las mañaniiiitas…”, cantan los ensenadenses al vocalista que hoy festeja su natalicio.

    Sigue a continuación un buen coro para la nostalgia de un romance que era buen tiempo perdido. La canción le da vida a viejos recuerdos de sábados perpetuos que hoy se desvanecen con la neblina del pasado.

    Llega más adelante Tulipán, con el coro de voces que esta noche interpreta sus rolas con la misma sincronía, fuerza, potencia y emoción que uno percibe al escuchar sus discos.

    Entre rostros color fuego los zacatecanos interpretan la rola del rescate (y aparente desastre): “Mi carga quitaste cuando me encontraste”. La Ciencia de la Lluvia, rola emblemática que marcó a toda una generación, cae sobre los rostros mojados de presente. 

    Pienso entonces en la trascendencia de Enjambre, banda significativa para todos los que estamos aquí esta noche. Sus letras han formado parte de nuestra historia, de un relato personal que se ha mezclado con su música, música que ya es nuestra, de nuestros amores y desamores, su poesía, escrita en nuestras páginas: “¡Todo lo hago por ti, y esto no es un lamento!”. ´

    Seguimos con el Daltónico y llega la Visita, una canción para alimentar la ilusión de extender el tiempo para que los minutos con el ser amado no se acaben y llegue de nuevo la rutina: “¡Quiero que te vengas a vivir todos los días conmigo!”. Se alza el puño al retumbar los golpes de la batería. ¿Cómo no sentirse identificado con esas letras? Alrededor las parejas se aferran, se mezclan, se balancean en el estanque de la adicción más longeva de la humanidad.

    Inicia Elemento y me inundan los recuerdos de una época universitaria, cuando estar enamorado era legal y la poesía y la fotografía hacían la combinación perfecta para sentirse vivo: cuando había libertad para vagar por la ciudad y dialogar del porvenir con ella.

    Un segundo de su tiempo es una eternidad”, comienza uno de los éxitos del último disco de la banda, mismo que ya no escuché con la misma pasión que los dos anteriores. Caigo en cuenta de una verdad: la música nos acompaña en diferentes momentos, etapas, épocas, a cada persona según su ritmo. Para mí, Tercer Tipo podrá ser un refrito de lo mejor que hizo Enjambre, pero para otros miles, esta rola es parte de un instante que refleja un recuerdo hermoso que apenas comienza a alejarse.

    Este es, en definitiva, uno de esos conciertos en los que me siento sobrepasado, ¿cómo hacerle justicia a la riqueza del momento? ¿Cómo capturar con legitimidad las texturas, colores, matices y emociones de esta vibra que nos atraviesa todos?

    La Cámara de Faltas, aquel jamm que cantara con una persona especial en la carretera a todo volumen; qué tiempos para perder el tiempo. Era un bello escape de días que se animaban juntos, cuando creíamos que sólo si nos teníamos nosotros no necesitábamos a nadie más.

    Los gritos de Humberto no dejan lugar para dudar de la virtud de un gran músico. “¡Ensenada, haz ruido!”, grita el vocal antes de iniciar el coro final de la Cámara.

    “No hay una mejor manera de pasar mi cumpleaños que arriba del escenario, ¡gracias!”, comparte el zacatecano, para deslizar Vida en el Espejo y con ello darle un desenlace a esta velada.

    La primera vez que vi al grupo fue en El Foro de Tijuana, por allá del 2013. Han pasado los años, y si bien es verdad que el éxito ha llevado el estilo de los músicos a una propuesta más comercial, siguen dando un excelente show y tocando fibras profundas.

    Cierra una noche chingona, y los imperfectos extraños comienza a dispersarse, al menos hasta que la música nos vuelva a juntar para reconocernos de nuevo y, por último, por piedad nos perdonemos.

  • Bizarre Bazaar: post punk, perversión y moda alternativa

    Bizarre Bazaar: post punk, perversión y moda alternativa

    Redacción por Iván Gutiérrez
    Fotos: Noam Verdugo (fotos en blanco y negro) e Indigente en llamas (barridos psicodélicos)

    Bizarre Bazaar, la 1era edición de un evento de Música, Arte y Diseño cobra vida en las instalaciones del Bar Xibalba. Uno de los jóvenes que agitan la cabeza imbuidos por la vibra de los músicos carga a uno de sus camaradas y se pone a girar siguiendo la energía que le transmiten los Smith Wills, iniciando con ello el ancestral ritual slamero que tantas veces, y con tan diversos géneros, ha reunido a jóvenes en un acto simbólico contradictorio: en él, quienes bailan se azotan, sacuden y empujan entre sí como si quisieran repelerse, cuando es un ritual cuyo centro es la creación de comunidad y pertenencia; la regla básica es que si uno se cae, el otro lo levanta.

    MODA ALTERNATIVA Y LA VIBRA SURF-POSTPUNK JUVENIL

    Sábado 16 de diciembre 2017, 21:30 horas. Subo los escalones del inframundo algo molesto por llegar con el acostumbrado retraso al Bizarre Bazaar, tradición maldita que me ha costado no ver a la primera banda de la noche, Sonicolors.

    Al terminar de ascender al inframundo soy recibido por el mural del hombre-monstruo de cara pálida. Doy un vistazo alrededor y me sorprendo porque el lugar en realidad es un bazar: abunda chamarras, camisetas, camisas, ropa interior femenina, pantalones y demás prendas originales en los alrededores, junto con stickers, collares y demás piezas auténticas que la juventud produce y utiliza para distinguirse del resto e identificarse con los suyos.

    Mientras doy un recorrido por los tendederos de ropa alternativa elaborada para la gente opositora a la producción en masa, otro grupo que tampoco he tenido la oportunidad de escuchar sube al escenario: Death Waves. Banda formada por 3 jóvenes entusiastas cuya vibra juvenil me hace pensar que todavía no tienen ni idea de lo que representa perder el 16% de su salario en impuestos, los músicos empiezan su presentación tocando una canción de nombre “Fuck Friends”.

    Mientras paseo un rato por el mundo de prendas estrafalarias y artículos auténticos, escucho una propuesta sonora que me parece una mezcla de surf-rock, post-punk y algo de new wave, géneros que no se acostumbra tener en vivo por este rincón del universo. Por los compas que han venido a escucharlos veo que éstas son vibras que le gustan a los más jóvenes de los más jóvenes.

    Un joven de lentes graba a la banda con una videocámara e inevitablemente me siento transportado a una época previa a la existencia las redes sociales; más tarde, dialogando con el colega videógrafo, me comentará que se trata de una cámara con VHS de 8mm: “Está cabrón comprar una cámara que grabe en 4K, pero pues mientras con esto saco lo que se puede”.

    Reconozco en mi interior que no va mucho con mi trip la música de los Death Waves, sin embargo, valoro su energía. “Esta canción va dedicada a Chalino Sánchez, descanse en paz”, dice el vocal con humor, “esto se llama Dirty Sánchez”. La rolita surfera inicia un humilde slam donde bailan aquellos que sienten hervir la sangre con el estruendo y grito de los músicos.

    EL DEMONIO DE LA PERVERSIÓN

    En la azotea del Xibalba una repisa de madera ha sido adornada por diferentes cuadros de varios tamaños, exhibiendo mujeres, flores, espacios y mensajes cruzados. Al lado de esta exposición, “Transente” exhibe piezas de cerámica, fotografías intervenidas con pintura y collages que permiten explorar las figuras que se aparecen en la cotidianidad cuando uno se pone a delirar. Todo dispuesto con el estilo ritualístico de la integrante de Palomazo Cósmico.

    En otro extremo del lugar reposa una masa rosada y deforme con el esbozo de una cara. “Me recuerda a Basket Case”, comenta Israel Espinoza, egresado de la Facultad de Artes UABC Ensenada, responsable de la plasta rosa y la serie de 5 cuadros exhibidos a su lado, mismos que introducen al espectador en un trip psicótico: cuerpos con rostros en la espalda, pedazos de caras alteradas y miradas angustiadas están plasmadas en tonos oscuros que llaman a la penumbra.

    The Imp of the Perverse (o El Demonio de la Perversión, referencia a un relato corto de Edgar Allan Poe) es el nombre de la exhibición, misma que se origina hace 3 años y parte del “pensamiento intrusivo”, concepto que hace referencia “a ideas que no consideras propias o que van en contra de tu moral”.

    Espinoza expone que su realización va relacionada con métodos psicológicos de la terapia conductiva-conductual: “Es la clasificación del pensamiento. 3 de las 5 piezas las hice en el 2015 y son las etapas del pensamiento intrusivo: la primera es el pensamiento como tal, después viene la interpretación catastrófica y luego la compulsión, que son acciones que realizas para no pensar en ello; el resultado es como un ciclo obsesivo”.

    El artista agrega que el resto de piezas (elaboradas este año) van encaminadas a reflexionar “como mi persona o mi imagen se relacionan con esas ideas, como decir yo las reconozco, las acepto y genero autorretratos con la misma estética. Por ejemplo, la escultura parecen tumores, por el simbolismo de que son tus propias células las que te sabotean; es lo mismo, son tus propias ideas las que te destruyen”.

    Sobre el estilo el joven agrega que se inclina por el expresionismo, y que varias de sus obras son elaboradas con “trazos más violentos, más fluidos. Las otras llegan al tenebrismo pero también expresionistas en las pinceladas”. Concluimos la conversación con un comentario sobre la escena ensenadense: “Creo que más que espacios, lo que hace falta es que la raza participe más”.

    A continuación me acerco con la responsable de que todos estemos reunidos aquí esta noche: Marcela Espinoza, diseñadora de modas y trabajadora en Xibalba desde hace unos meses:“He estado viendo los eventos que se hacen aquí y se me ocurrió que sería buena idea darle un espacio también a estas propuestas. La mayoría de los participantes de hoy son egresados de diseño de modas y de artes. Los músicos son amigos y conocidos, talentos locales”.

    Marcela comenta que esta es la 1era edición de un evento que tendrá tres réplicas el próximo año, el primero de ellos en Marzo, fecha para la que están contemplando pintar un nuevo mural en la parte superior del bar con artistas locales mientras bandas tocan en vivo: “Xibalba acaba de empezar y poco a poco va tomando difusión. Queremos que crezca más y se convierta en una plataforma para artistas emergentes, vienen muchos planes para el próximo año”.

    UNA OPRESIÓN QUE SE GRITA

    Desciendo a la cantina xibalbera y Smith Wills, el segundo power-trío de esta noche, le saca gritos a sus instrumentos en una invocación de atmósferas que ondulan entre el rock gótico, el surf-rock y el post-punk. Paco, otro amigo músico, me recomendará bandas como Soviet Soviet, Ytpo, Manicure y Parálisis Permanente para seguir conociendo algunas influencias de la tribu urbana reunida esta noche.

    Caminando sin rumbo, respirando solo con filtro”, cantan los músicos mientras crean y destruyen sonidos agitados que salen de profundidades psicológicas. Ecos del subconsciente, cicatrices vacías y esquizofrenias que inundan la cotidianidad es lo que pienso al escuchar a Smith Wills interpretar temas como “Paranoia” o “Intenciones”: “Siento algo aquí adentro, tengo tormentas que me obsesionan”.

    Lo siento como si fuera un grito de inconformidad que te obsesiona, una opresión que se grita”, me comenta Paco al preguntarle sobre lo que escuchamos. “Esta es la última rola, se llama “la puta del proletariado”, dice el guitarrista por el micrófono.

    Pienso en lo interesante de ver como la diversidad de propuestas contraculturales pueden confluir en un mismo espacio. En lo poco que lleva de apertura, el Xibalba ha sido hogar de múltiples propuestas musicales de géneros tan variados como el blackmetal y el reggae, el rock progresivo o el post-punk, el ska y el punk, el indie, el grunge y hasta el son jarocho o la música africana.

    Hoy es noche de arte, diseño y música, pero Transente ya reunió en su momento, con el Cosmic Shit, a una gama de números artísticos muy chidos, y cuando recién inauguró sus puertas este lugar, el Verano Fatal creó una coincidencia de bandas tremenda.

    Sigo estas reflexiones y recuerdo lo conversado el día pasado con el compa Domingo (bajista de Envergadura), quien me dijo que Ensenada carece de identidad musical y quizás juvenil por el poco tiempo de vida de una ciudad que no termina de alejarse de la etiqueta de pueblo. Por suerte pareciera que nos encontramos frente a una coyuntura que podría cambiar eso.

    SMITH WILLS: “ESTAMOS SOBRE EL SISTEMA”

    Termina el post-punk y ahora el beat lo ponen los DJs, que esta noche son Dj party poop, Josh Crawford y Xaryl_SLRC_Small arist. Se presta el ambiente para seguir conversando, ahora con un compa de Hexapodos sobre los problemas de UABC: el Fondo Pro Graduación, la mafia en la junta de gobierno, el PAN metido hasta las entrañas de la institución y la deuda que Kiko Vega sigue y seguirá sin pagar; a la plática se suman historias inarrables para la vox populi, pero buenísimas para carcajear un rato.

    De vuelta a la azotea, platico un rato con los Smith Wills sobre el origen del proyecto integrado por Meredith Trigueros (baterista de gran trayectoria quien también toca en la actualidad con Sonicolors), Smith Will (guitarra y voz, iniciador del proyecto) y Fernando Salazar (bajo y voz [si bien es guitarrista], gran músico y persona que tengo el gusto de conocer desde años atrás):

    Para mí el post-punk es el género más fuerte en nuestra música, pero también hay un poco de rockabily, surf y gothrock”, comenta Smith, para agregar que si bien apenas llevan 10 meses tocando, a finales de 2018 piensan sacar un disco con las 10 canciones que ya tienen en su repertorio.

    Fernando Salazar (bajo y voz de Smith Wills)

    Entre las próximas metas a corto plazo de la banda está visitar Tijuana, para luego saltar a San Diego, Los Ángeles y la Ciudad de México, lugares a donde quisieran llevar sus canciones en las que hablan de política e inconformidad social:

    “Estamos sobre el sistema: el seguro social apesta, los trabajos, los salarios, el sistema educativo, ¡estamos hartos de esa vida miserable a la que estamos condenados!Y al final todos somos actores (que así se llama una de nuestras canciones), porque estamos actuando conforme a un libreto que no escogemos”.

    Al respecto de la escena, los músicos comparten que Ensenada tiene mucho que aportar más allá del ska, el core y el metal (en su opinión los géneros más sonados en el puerto):

    “Pero luego nosotros mismos nos cerramos y la raza se pone en el plan de ´sólo escucho la música de mis compitas´. Falta inclusión, que si el metal no es mi género favorito pero hay una banda chida que toca metal voy y los apoyo. Y creo que hace falta que se hagan más eventos que junten a diferentes géneros, como este festival: mezcla rock, DJs, arte y diseño; yo no había visto algo así aquí, sólo en Tijuana. Hay mucho talento, ahora hay que reunirlo”.

    Meredith Trigueros (baterista de gran trayectoria quien también toca en la actualidad con Sonicolors

    Fernando agrega: “creo que falta colaborar, trabajar juntos y abrirse a nuevas ideas”, y Meredith complementa: “Llevo muchos años tocando y aquí en Ensenada siempre ha sido complicado recibir apoyo. Incluso luego me pregunto ¿de verdad tocamos tan mal como para que nadie nos apoye? Yo siento que lo que hago es decente, pero luego no se ve reflejado en el apoyo de la gente. Y por eso mucho tiempo odié la escena; o sea, no se trata de apoyo económico, sino de que aprecien tu música, que la gente venga y te diga de frente qué le gusta y qué no le gusta de lo que haces”.

    Smith concluye: “la gente es muy apática”, y manifiesta que según su pensar los bares tampoco deben menospreciar a las bandas: “A nosotros como músicos nadie nos paga los ensayos, nadie nos paga el traslado, nadie nos paga el instrumento, entonces creo que es justo recibir una remuneración si tocas en un lugar, y no que sea buscar ganancia, sólo no perderle, porque eso de pagar por tocar está culerísimo”.

    EMPATÍA PARA IMPULSAR LA ESCENA

    Sigue la música y el ambiente se presta para seguir reflexionando de forma colectiva inquietudes compartidas. Hablo entonces con mi amigo Paco sobre la cantidad de jóvenes en la ciudad y sus posibilidades económicas: “Pregúntate, ¿cuántos ingresos genera el joven promedio? ¿Eso le permite venir a este tipo de eventos? La crisis económica también impide que crezca más rápida la escena…”, me comenta el joven músico.

    Y agrega: “Es difícil ser músico, es una gran inversión de tiempo, de dinero, de voluntad, uno espera recibir cierta… retribución de apoyo, ¿sabes? Pero luego uno no la ve. Por eso la meta de muchos (no sólo músicos) es irse de Ensenada; porque aquí está cabrón la apatía”.

    Apatía. Esa palabra tan nuestra, no sólo como generación, sino como ciudad y como pueblo, y la obsesión por encontrarle una escapatoria: ¿cómo sacudirla? ¿Cómo volver a interesar a la gente en la vida? ¿Cómo volver a dotar de movimiento a quienes han sido despojados del motor básico de existir: los valores y el sentido?

    La respuesta me la revela Paco, al girar la conversación hacia destellos de lucidez inesperados: “Cuando uno escucha la música que hace una banda es porque el público siente empatía, porque se identifica con lo que el artista expresa y con cómo lo expresa. Cuando un músico comparte una canción te está invitando a que veas el mundo cómo él lo: ´mira yo así lo veo, ¿qué opinas? Tú también puedes compartirme cómo ves el tuyo´. Y sabes, los dos interpretan al final un papel, son como actores que crean un mismo espectáculo, que se complementan y que no pueden existir el uno sin el otro”.

    Llega la epifanía: “¿Por eso se le llama Escena?”, pregunto, “escena, escenario, un espectáculo que no es nada sin el auditorio, un show donde pueden coincidir perspectivas, conocer miradas ajenas para encontrar similitudes y también diferencias”.

    Seguimos hablando un rato más, tocando temas como su proyecto musical en gestión y aquel lado oscuro (¿pensamiento intrusivo?) que es totalmente contrario al que solemos exhibir frente al mundo. La velada dará para un rato más de buen cotorreo y temas chidos, proyectos por venir, consignas por defender, música por escuchar, pero en completa oposición a la tendencia de las redes sociales, no todo puede ser de dominio público; esto, al final y al cabo, es sólo un humilde e injusto resumen.

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  • Tazabrozo: 5 años de “elegante sabrosura”

    Tazabrozo: 5 años de “elegante sabrosura”

    Redacción por Iván Gutiérrez

    Imitando la embestida de una tormenta caribeña el eco de cuatro metales irrumpe en las caderas de los porteños, manipulando al instante las caderas de quienes han acudida esta noche al Abels Bar para disfrutar un rato de cumbia, ska-rock y sobretodo, sabor.

    ¡Arriba, arriba, arriba, que se esparza esta vibra por todo el país!”, grita Alejandro Morán por el micrófono para de inmediato iniciar un coro junto con los asistentes a la presentación de esta noche, quienes entusiasmados alzan las manos y se dejan llevar por el sonido que transita por sus extremidades; sudor, cheve y ambiente son los elementos que suelen acompañar una fiesta con la banda ensenadense Tazabrozo.  

    No cualquier banda es capaz de encontrar la armonía perfecta para que sus fans pasen de bailar cumbia o balancearse al ritmo del reggae, a levantar los brazos con la potencia del Ska en un par de segundos; Tazabrozo tiene esta virtud.

    Han pasado 3 años desde que escuché por primera vez los sonidos de la “elegante sabrosura” de Tazabrozo, un proyecto ensenadense de música “guapachosa”, ideal para mover las caderas y pasar una noche de fiesta con un grupo que se distingue por su carisma y frescura. Hoy la banda tiene tras de sí una larga lista de viajes, momentos y experiencias que los han convertido en una familia musical que ha cambiado y a la vez conservado lo mejor de sí: la buena música y el carisma de sus integrantes.

    Tazabrozo nace un buen día a finales de octubre del 2012, cuando Alonso Álvarez (trompetista mejor conocido como “El Pingüi”), le propone al guitarrista Alejandro Morán hacer una banda de covers junto con otros músicos, todos exintegrantes de diferentes grupos, pensando en un proyecto que les permitiese “sacar varo para la chela” tocando cumbias en bodas, fiestas y eventos varios.

    La sincronía entre los músicos fue tal que al poco la nueva agrupación dio a luz su primera canción original: Lluvia de plomo, una rola que mezcla la crítica al gobierno mexicano, demandas de justicia social y el estilo de fusión latina característico del grupo, demostrando que el arte y el activismo pueden caminar (o bailar) de la mano.

    Fue a partir de esta primera pieza que la banda dio un giro y comenzó a fluir la creación de material propio, hasta consolidar lo que sería su primer EP: Elegante sabrosura, con temas como Amelia, No me tientes a tocarte, Junto a Ti y Beni Baila.

    Como pasa con todo, el tiempo también ha provocado cambios en la formación del grupo, de tal manera que actualmente los integrantes de la banda son Mauricio Montoya (bajo), Kevin Ramírez (batería), George Magaña (congas), Remi Medina (saxófono), Alonso Álvarez (trompeta), Alan Vázquez (teclado) y Alejandro Morán (guitarra), músicos que han ido aprendiendo y creciendo al formar parte de Tazabrozo.

    Con una base de cumbia-ska aderezada con ritmos latinos y tintes de rock, Tazabrozo ha generado en sus 5 años de trayectoria un sonido peculiar de fusión latina con sello propio: “Es una mezcla de algo sabroso, algo que te hace bailar”, comenta El Pingüi en entrevista con este medio, para luego agregar que un gran aporte de la banda son los gustos versátiles de sus integrantes, pues escuchan desde bandas como Todos Tus Muertos a Rigo Tovar, Bronco y “hasta Cri Cri y Maluma nos han influenciado”, bromea el trompetista tras darle un trago a su michelada.

    Así es como entre los géneros que mezcla el grupo están el ska, el reggae, el pop, la salsa, el merengue, el songo, el rock y por supuesto, la cumbia, sonidos cuya fusión da vida a letras que hablan “de amor, de desamor, de protesta contra el malgobierno, de problemas de la vida cotidiana y temas que nos competen a todos; le cantamos a todo, ¡a la vida real!”, agrega Alejandro Morán con gran entusiasmo.

    ***

    Con el sonido tan propio de un grupo que mezcla cumbia, ska, reggae, cumbia, merengue y muchos otros géneros en una ensalada de ritmos latinos,  Tazabrozo ameniza esta noche la borrachera y el despecho en la Verbena 2016 de Ensenada: “¡Sin ti no tengo ganas de cantar, sin ti no tengo ganas de bailar, sin ti no tengo ganas de vivir, quierooo, quiero estar junto a ti!”, comparten los músicos a los ya bastante borrachos asistentes, quienes por un rato se olvidan de la etiqueta y mueven el cuerpo como les enseño la jungla.

    Si uno se da la vuelta por el Abels Bar, el Ultramarino, La Villa (espacios populares de la vida nocturna ensenadense) o los festivales de la ciudad, seguro encontrará en una de esas visitas a Tazabrozo tirando fiesta.

    Claro que la banda no se ha limitado a quedarse en casa a tocar, pues en los últimos 5 años ha tenido presentaciones en lugares como la Feria de San Marcos en Aguascalientes, la Fiesta de la Música en Los Cabos, festivales regionales como el I Love Ska Fest Rosarito y el Radical Sound Fest, por mencionar algunos: “En Rosarito hemos hecho una familia muy chida, nos han llevado muchísimas veces y les gusta nuestra música, los fans apoyan”, comparte El Pingüi.

    A nivel nacional Tazabrozo ha realizado varias giras en auto con la consigna de “a donde llegamos tocamos”, pasando por San Luis Río Colorado, Nogales, Puerto Peñasco, Hermosillo, Huatabampo, Aguascalientes, Guadalajara, Tlaquepaque, Ecatepec y demás.

    “En el Estado de México tocamos en un foro bien legendario de punk que se llama El Clandestino, y estuvo cabrón porque fuimos la primera banda de cumbia que tocaba algo de ese género en ese espacio, y les gustó, se pusieron a bailar. También tocamos en el foro de El Chopo, en la Ciudad de México, y la banda se prendió chido”, comenta Alejandro Morán.

    Urgando en su memoria, Mauricio Montoya comparte que entre sus presentaciones favoritas está una realizada en Rosarito a principios de año, “cuando tocamos en un estacionamiento”, y Morán agrega:

    “En aquella ocasión habían tomado la Constellation Brands en Mexicali, y estábamos buscando integrarnos al movimiento popular que se estaba gestando desde el Frente Musical Orquestatario. Entonces en ese evento había gente de todo tipo, punks, jarcoreros, metaleros, movida por lo que estaba pasando en el estado, y se organizó una fiesta muy chida, protestamos y nos divertimos, que es uno de nuestros lemas”.

    Dos integrantes de Tazabrozo en una de las megamarchas de principios de año, formando parte del Frente Musical Orquestatario.

    No pocas aventuras han atravesado los músicos a lo largo de su historia: desde extorsiones de militares y el cancelamiento de eventos al llegar a cierto destino, hasta integrantes que a la hora de la hora “dejan-abajo” al grupo y múltiples roces con la autoridad, son algunas pruebas que se han interpuesto en el camino de la banda por llevar su música a todas partes.

    Entre ellas Pingüi recuerda aquella ocasión en que estaban por irse de gira para tocar en El Chopo: “Ya teníamos todo planeado y el baterista nos canceló 5 días antes. Entonces conseguimos un baterista y nos encerramos 3 días a ensayar. Nos lanzamos y en San Luis Potosí se nos descompuso el carro, se nos quemó el motor, y teníamos que llegar a la Ciudad de México. Nos quedaban 3 presentaciones bien chidas, entonces dijimos tenemos que llegar, y empeñamos cosas, hicimos vaquita y nos fuimos en camión, llegamos sin Hotel ni nada, pero nos distribuimos en las casas de unos músicos de allá y finalmente tocamos al día siguiente en El Chopo, y la respuesta de la banda chilanga fue muy chida, ¡se armó el cotorreo!”.

    Otra anécdota (no tan placentera) que narran los músicos coincide con el mismo día en que se realiza esta entrevista: el 1ro de diciembre pero de 3 años atrás, día en que la radio local estrenaba su canción “Chile Gallo” (dedicada al ex presidente municipal Enrique Pelayo Torres) y misma fecha en que recibían un “hospedaje sin techo” en San Luis Río Colorado:

    “Era una casa en la que la sala y parte de la cocina no tenían techo y hacía un chingo de calor. Sólo un cuartito, como de 3×2, tenía aire acondicionado, ¡pero estaba lleno pulgas! Entonces unos terminaron durmiendo adentro del carro, otros no durmieron. Yo estaba cansado, entonces me acosté en el cofre del carro y terminé dormido sobre él”, comparte Kevin Ramírez.  

    Kevin Ramírez, actual baterista de Tazabrozo
    Alejandro Morán, guitarrista y vocalista en Tazabrozo

    ***

    Desde el teclado sobre el escenario llueven los sonidos lentos de un acordeón, propios de una canción que quienes la hemos escuchado sabemos antecede al buen desmadre de Tazabrozo. Estando en la parte más cerca del escenario donde más tarde tocará Inspector, uno alcanza a apreciar como los integrantes voltean a verse antes de hacer reventar la realidad: “¡No me tientes nunca más, no me tientas a tocarte, tú eres el encendedor de este gas tan asfixiante!”, grita el vocal por el micrófono mientras cientos de porteños se quitan un rato el disfraz de la decencia para dejarse llevar por las vibras escandalosas del grupo.

    Compartir el escenario con los compas, voltearlos a ver y estar como coqueteando”, comparte Alejandro Morán al hablar de lo que más disfruta al estar arriba del escenario, para después agregar: “Y claro, tener en tus manos un arma tan potente como es el micrófono, para informar, para mover conciencias”.

    Alonso Álvarez, alias El Pingüi

    “Las reacciones de la gente, ver que bailan, que cantan, que se divierten con nosotros. Cuando se da la química entre tus compañeras y la gente es cuando más disfrutas una presentación, y aunque se escucha sencillo, no es fácil, tienes que esforzarte por conectar con la raza como si fuese tu familia, ¡ya entonces puedes armar una fiestota!”, comparte por su parte Alonso Álvarez.

    Con las aspiraciones de compartir escenario con bandas como Todos Tus Muertos, Los Ángeles Azules o Mi Banda El Mexicano en algún concierto masivo, Tazabrozo comparte a este medio que está listo para dar el siguiente paso en su trayectoria musical:

    “Es momento de ser más profesionales, encerrarnos y engranarnos para producir material nuevo y de calidad. Estamos trabajando con Navajo Records, que nos va a producir un disco con lo que arrancaremos la próxima temporada de Tazabrozo”, comenta Alejandro con decisión.

    Al preguntarles a los músicos por lo que consideran más difícil en el camino de la música, Mauricio Montoya comparte que “terminar lo que uno empieza, es muy fácil empezar una canción, pero llevarla a un disco, que quede con un video y al alcance de los medios es lo que de repente cuesta trabajo, y luego ahí ya se interpone el dinero, porque nada es gratis, yo creo que eso es lo más difícil de hacer música”.

    Si uno ha asistido a una presentación previa de Tazabrozo, ya sabe la fiesta que le espera este sábado 9 de diciembre en el 5to aniversario de la banda; si no lo ha hecho, prepárese para divertirse de forma “elegante y sabroso” con una banda enérgica y llena de buena vibra, misma que culmina la entrevista para este reportaje con una invitación a apoyar la escena local:

    “Vayan y escuchen lo que hay, compren su disco, bájenlo, piratéenlo, descárguenlo de YouTube, hay un chingo de bandas que están haciendo buen material, familiarícense con lo que hay, por mencionar algunos proyectos chingones están Mutant Beans, Boreal Magma, Hermann Haze, Shamán Bombay, Botánica, Los Reptilianos, Los Hipogrifos, Mad Blues, Todos Santos, Son del Puerto, Los Cabras Projects, en fin, hay un chorro de bandas para todos los gustos, ahorita sólo menciono los que se me vienen a la mente, pero sí, acérquense a la escena y apóyenla, que sin público no hay escena”.

    Este sábado Tazabrozo hará bailar a la bandita de Ensenada en el lugar que los vio debutar hace 5 años: el Abel´s Bar, en una noche de fiesta que compartirá con Capitán del Espacio y su Cumbia Intergaláctica (Aguascalientes), La Beat Cantina (Tijuana), Los Reptilianos (Ensenada) y Fourtwentytown.

    Para acceder al evento es necesario llevar una prenda para niños, un cobertor o una cobija, esto como parte de una colecta que ya se ha hecho tradición para la banda en sus aniversarios y que tiene el objetivo de apoyar a los sectores más vulnerables de la ciudad en esta época de frío. Así que si estás buscando una noche de fiesta a la par que apoyar la escena local y una causa social, este sábado date la oportunidad de gozar un rato de baile sabroso con Tazabrozo. 

  • Cosmic Shit: crónica de una convergencia (¿contra?)cultural

    Cosmic Shit: crónica de una convergencia (¿contra?)cultural

    Redacción y fotos por Iván Gutiérrez

    Noche de internarse en el inframundo que representa el espacio underground más joven de Ensenada: el Bar Xibalba. Esta noche se festeja el “Cosmic Shit”, primer evento de este tipo en esta cantina juvenil, una fiesta urbana que tiene un solo objetivo: hacer coincidir diferentes propuestas artísticas en un solo lugar.

    Al llegar a este nuevo hogar de las “identidades juveniles contemporáneas” (conceptualización del escritor y filósofo Carlos Camaleón) me topo a mi izquierda con “Don Palabras”, poeta ensenadense que por unas monedas y un tema te regala un texto poético instantáneo. Saludo al camarada escritor y le solicito un poema sobre la explotación laboral en San Quintín, tema que traigo fresco por la presentación del libro “Vivir para el surco: trabajo derechos en el Valle de San Quintín” en la UABC.

    Escritor desde los 11 años y actual Lic. en Ciencias de la Comunicación, Langas ha ganado premios de poesía a nivel estatal e internacional (concurso “Cortnera” en Paraguay), siendo además finalista en convocatorias nacionales como la que abre anualmente la Universidad de Guadalajara; el joven de barrio también ha inundado diferentes espacios de Ensenada con poesía en múltiples presentaciones, y ya se está preparándose para el que viene: Al filo de la poesía, evento de micrófono abierto organizado por el Colectivo Firmamento que se llevará a cabo el próximo jueves 7 de diciembre en la cervecería colectivo 18.

    Comencé a escribir desde niño. Mi mamá escribía poemas en una libreta universitaria, ya sabes, para desahogar las penas, y ello me motivó a seguir su ejemplo. Como también era un ávido lector desde temprana edad, el hábito floreció por sí solo”, me comparte el comunicólogo.

    Actualmente Langas es colaborador de la revista Región Transparente, donde publica cuentos, poemas y artículos de diferentes temas, manejando entre su estilo una preferencia por mezclar el terror con la vida cotidiana (chécate su cuento más reciente, “Danza de Buitres”, aquí). El camarada termina sus letras y quedo impresionado por el texto que me entrega, demasiado bueno para el poco tiempo que destinó a escribirlo. Quisiera replicar aquí algunos de sus versos, pero lo despistado me los ha arrebatado; afortunado quien los encuentre por ahí, esperando a ser leídos y vividos nuevamente. De cualquier manera, en mi corazón quedaron sembradas al instante las palabras del escritor.

    “Langas” Loya o “Don Palabras”

    Le agradezco al camarada poeta por el texto y me adentro en la cantina xibalbera para ver qué más me encuentro esta luna menguante. En mi cabeza circulan ideas relacionadas con el texto “¿Underground, contracultura o tribus urbanas?”, escrito por el colega tijuanense Manuel Ayala. Entre ellas una me asalta con insistencia: ¿Son contraculturales las propuestas de esta noche?

    Si pensamos la contracultural como “la alternativa, la otra opción, lo diferente, lo creativo y el arte”, pienso que sí. Retomando las ideas del escritor José Agustín, pareciera reiterarse la afirmación, al pensar la contracultura como aquello que “abarca toda una serie de movimientos y expresiones culturales, usualmente juveniles, colectivos, que rebasan, rechazan, se marginan, se enfrentan o trascienden la cultura institucional (…) la dominante, dirigida, heredada y con cambios para que nada cambie, muchas veces irracional (…) que consolida el status quo y obstruye”.

    Contracultura como expresión de libertad, de otras formas de hacer y ser, como oposición a la cultura mainstream, al pensamiento plano inyectado por las instituciones sociales y reforzado por los grandes medios de comunicación. Aquí hay intentos de hacer algo diferente, ¿pero es un grito lo suficientemente constestatrio? ¿De verdad representa una propuesta alternativa que rompe con el status quo? Negándome a dar una respuesta definitiva, dejo aquí un texto para que los lectores y participantes del evento saquen sus propias conclusiones.

    Avanzo y a la derecha del “Langas” una mesa exhibe fanzines, calcas y otras creaciones del artista plástico “Mey Wey”. A su lado Ivonne Jiménez, comunicóloga y diseñadora de accesorios y lencería para mujeres bajo la marca “Girls Gone Bad”, comparte algunas de sus creaciones elaboradas para lucir los atributos femeninos, que hoy son exhibidas en un par de maniquís: “El proyecto nació en un viaje a Playa del Carmen. Tenía elástico, tiempo y pobreza (se ríe), así que me decidí a utilizar todo eso para crear algo”, me explica la también tallerista en el espacio formativo de “Juá, laboratorio creativo”, para luego agregar que el próximo sábado 16 de diciembre se llevará a cabo el primer BizarreBazar en Xibalba donde también estará exponiendo su accesorios, muy provechosos para los juegos eróticos.

    Sobre el escenario revienta palabras la “Fémina Fatal”, rapera ensenadense que radica en la jungla de Tijuana. Esta noche la artista abraza el Hip Hop disparando letras improvisadas con el acompañamiento de DJ Brownsky: “Alto el cuello, arriba las manos, esto es un asesinato / No somos víctimas, no somos héroes, esto no es una película…”. Siendo un proyecto independiente (al igual que la mayoría de las presentaciones de esta noche), Fémina se distingue por manejar un estilo libre y feminista, valiéndose del freestyle para lanzar potentes mensajes de rap combativo y de protesta para acribillar prejuicios.

    Fémina Fatal

    Mientras escucho a la rapera doy un paneo por la escena, identificando a rostros conocidos: por ahí están los gemelos de The Songraiders, los hermanos Romo de Boreal Magma, los músicos de Envergadura (más tarde llegarán también los de Shamán Bombay), un par de colegas reporteras de El Vigía y El Mexicano, escritores como El Pedro, Hiram Navarro y Natasha Miroslava, y por supuesto una de las responsables de que todos estemos reunidos aquí esta noche: Timna Baltodano, integrante del Palomazo Cósmico, coordinadora de Juá Laboratorio Creativo y al igual que varios entes de esta noche, comunicóloga de corazón.

    Me acerco a Timna, quien esta noche padece los pormenores de enfermarse en los momentos más inoportunos, y con garganta seca platicamos sobre lo que implica organizar una juerga como el Cosmic Shit“Primero que nada hay que tener contactos y ver quiénes te pueden apoyar con alguna presentación artística y así armar el programa. En esta ocasión mezclamos poesía, música, danza e incluso tendremos un número de teatro experimental, y pues lo chido es poder ofrecerles algo, una cheve, algo de comida, dar algo a cambio, y para eso tienes que buscar patrocinios”.

    Timna, coordinadora de la plataforma Transente, comenta que en este proceso también hay que definir costos, oferta, públicos, diseño y difusión, fechas, espacios, equipo: “El lugar hay que agendarlo con tiempo, checar el sonido (que hoy a pesar del soundcheck hemos tenido fallas) y tener claro tu target, en esta ocasión va dirigido a la bandita loca que requiere de este tipo de espacios para exponer sus proyectos”.

    La gestora cultura comparte que siempre hay que enfrentarse a un horror particular: el cambio de planes y cronograma a la última hora. “Luego la gente se echar para atrás, ¡y lo hacen a veces un día antes o el mismo día! Y awebo siempre hay pedos, hoy por ejemplo se me descompuso el carro en la tarde… siempre tienes que analizar los riegos, preguntarte ´¿qué puede salir mal?´ y tener planes de respaldo”.

    Sobre el objetivo de juntar a toda la banda en este tipo de eventos, Timna agrega que con ello “mueves la cultura ensenadense, le das espacio a los artistas locales para demostrar su talento (o su falta de jaja), y también le permites a los que van iniciando una empresa o proyecto exhibir su trabajo. La idea también es proponerle algo más al borracho, porque a la gente le gusta salir a pistear y pues de paso que chequen lo que están haciendo los artistas locales, vean qué les gusta y qué no, que haya diversidad de propuestas”.

    Le pido un cigarro a la colega, le agradezco sus palabras y prosigo la exploración de las propuestas reunidas hoy en el inframundo. 

    Al lado de la ventana que da a la calle primera, en una mesa con velas y flores en una botella, Ammanda “Black”, otra amiga comunicóloga, hace una lectura de cartas del Tarot a una chava de cabello rojizo: “Eres poco ortodoxa, lo comercial no te queda”. No puedo escuchar más porque la lectura es confidencial, como una terapia psicológica personal.

    Ammanda “Black”

    “Las cartas son instrumentos de reflexión e introspección, la gente ya tiene sus respuestas, yo sólo les ayuda a sacarlas. Además es una buena manera de cotorrear”, me comparte Ammanda, quien agrega que la lectura de cartas viene de familia. “La gente le da sus micro-rituales, las cartas se acomodan y adquieren un significado particular según la posición y el orden”.

    Sube al escenario Coset Velázquez, otra comunicóloga (asoma el supuesto de que gran parte de los comunicólogos somos artistas frustrados…), quien esta noche lleva la parca en la cara para darle vida a los “Diálogos con la muerte”. Profiriendo palabras libres a sabiendas de que la vida no vale nada, expresa: “Pensamientos atados, pensamientos que ciegan, víctimas de la vida, ¡libérense, libérate de esta cárcel, de esta reclusión pasajera! Es fácil morir, es fácil morir, solo venimos a soñar, sólo venimos a dormir”.

    Deslizando sus pies descalzos, escapando por centímetros del toque de la muerte, la joven arrastra llantos mientras deja caer al suelo una prenda rojiza. Detrás de ella las calacas en el mural del “Harry” reiteran que la muerte está siempre ahí, en cada momento, en cada espacio, esperando paciente.

    Sobre una de las mesas blancas del Xibalba reposa una máquina de escribir con la leyenda de “Anita la huerfanita ♥”. Me siento frente a ella pero no consigo escribir nada con ella porque carece de tinta. Converso entonces con una amiga poeta de Tijuana, Natasha Miroslava; entre varios temas hablamos de la “Feminaria Desobedecer”, taller de artes poéticas feministas que está cursando en la Academia Ópalo, un espacio de reflexión y pensamiento interdisciplinario en la ciudad.

    Sur y Norte, Moviendo el Son

    Empieza la jarana a sonar y el Xibalba se llena de folklor veracruzano, con Nichelle Lares zapateando temblores y ondulando su falda como si la brisa del Golfo de México hubiera venido a visitar el puerto. “Adiós, adiós que te vaya bien”, canta la chava con pandero en mano. En la jarana rasga las cuerdas Antonio Vera, quien junto con Timna es el organizador del evento de esta noche.

    El dúo de voces del grupo “Sur y Norte, Moviendo el Son”, quien lleva 1 año llenando de música jarocha el puerto ensenadense, me trae recuerdos de las playas veracruzanas y el café lechero, aquel bello puerto tan parecido al que habito, pero distinguido por una mayor presencia del crimen organizado en la vida cotidiana; bueno, ya ni tan distintos ambos espacios.

    “Esto se llama la Iguana”, anuncia el jaranero Antonio Vera, para dar inicio a una canción con referencia a la planta que el 90% de los presentes fuma pero a escondidas porque está prohibida esa flor maligna del mal. “El tiempo no tiene dueño, y el son tiene final”.

    Termina el show veracruzano con fuertes aplausos de la banda ensenadense y sube al escenario Hiram Navarro (alias “Ren), hermano de tiempo atrás, diseñador, pintor y poeta, quien declama con potencia sobre la deconstrucción ética y estética, “extrayendo al pálpito el alma candente”.

    Hiram Navarro

    Entre la desnudez que abre con sus letras el poeta comparte un escrito de nombre “Porque he secumbido”, expresión absoluta que tuve la oportunidad de leer hace unas semanas al participar en la edición del 2do número de la revista estudiantil Apamate, misma que edita el camarada junto con estudiantes de biología, sociología y Ciencias de la Comunicación que colaboran con la Sociedad de Alumnos FCAyS.

    Terminada la participación poética sube al escenario una chava que se avienta un par de rolitas folk, versionando Lamento Boliviano y Oye Cantinero en un estilo muy chido. Mientras suena la música converso con el músico, fotógrafo y comunicólogo Josué Domínguez (alias Indigente en Llamas o el Chilango), recordando letras sobre “Las Culturas fracasadas”, un libro que me prestó alguna vez en donde se expone que las posibilidades intelectuales de una sociedad son resultado de lo que cada uno de sus integrantes aporta desde su trinchera. Entre el diálogo mamalón se atraviesan conceptos Baumanianos (el tiempo líquido, la sociedad del miedo) y la búsqueda poética que en su momento todos emprendemos.

    El siguiente número está a cargo de Carolina Granado, artista experta en juegar con la mezcla de música y teatro y realizar presentaciones experimentales en laboratorios performáticos de Tijuana. Sorprende que las presentaciones artísticas logren hacer lo suyo a pesar del pobre micrófono, y asombra todavía más la voluntad de los artistas de seguir hasta el final su acto. Tras un par de fallas técnicas con los micrófonos, empieza el show.

    Carolina, también integrante del grupo de jazz “Mad Blues”, explora frente al espejo su(s) alterego(s), camina y se adentra en el otro mundo que habla en los ojos que la miran de vuelta. “Yo puedo ver tu reflejo, a veces no quiero entender lo que estoy viendo, no lo quiero ver más, es demasiado…”.

    Carolina Granados

    Las vibraciones de la guitarra de acompañamiento crean una atmósfera reflexiva mientras la artista multiplica los espejos en los que se mira, declamando que nadie quiere cortar, sólo queremos cortarnadie quiere cortar, incorporando en el proceso coros vocales que se transforman al jugar con las dimensiones y los ecos. “¡Tengo ojos en la espalda y te puedo ver, te puedo ver, reflejada en cada rincón!”. Carolina rompe los límites de la realidad con su voz para extender el trance al público. Concluye el show y se aplaude con entusiasmo el talento.

    A la espera del cierre de la noche platico con El Pedro: “Creo que la palabra ´aportar´ tiene que ver con ´abrir una puerta´, con dejarle a alguien una oportunidad de cruzar una puerta, una vía”. Tras unos minutos en los que el Xibalba se llena de bandita rastafari empieza el último número de la noche. Un trueno de tambores hace retumbar la sangre, ¡la danza afroguinenana de Inuali-Fare irrumpe en esta cantina underground de Ensenada!

    Las percusiones que engendran los músicos hacen aflorar el lado salvaje de los cuerpos, una armonía explosiva que posesiona brazos y piernas haciéndolos ondular y sacudirse como los ritmos del origen de la vida, reconstruyendo la materia que se mueve, estalla y fluye a tal rapidez que sólo se puede ser.

    Tres chavas de faldas coloridas se apropian de las vibras que les disparan directo a la sangre, llevando la tendencia de las extremidades a los límites del balance. La coordinación de músicos y bailarinas es simetría universal, magia pura en la que reaccionan dialécticamente unos con otros, fundiéndose en un ritual que pone a prueba la capacidad de apreciación estética.

    La rapidez de las manos de los músicos embonan perfectamente en cada giro, salto, figura que desprenden las bailarinas: cada danzante conecta y afirma la orquesta de percusiones a las que estas letras no les hacen justicia.

    Remolinos de fuego salen del eco de las cavernas para ser acompañados por un canto ininteligible pero en extremo sensible. Uno de los bateristas se acerca a Karime L. Barreiro —profunda conocedora de la danza africana y su fuerza espiritual-corporal, creadora de Silencio Africano Art Mandingue— y la invita a erupcionar; ella acepta el reto y demuestra la potencia que posibilita la danza que se baila con pasión inagotable.

    Absorber el regalo de esta danza es como beber de una cascada infinita. La última canción extiende el hechizo sobre el público, multiplicando la cantidad de piernas que destruyen los miedos, la angustia, la certeza de que tarde o temprano la vida se acaba: el manifiesto de esta noche es que la danza, la música, el arte, por momentos, logran vencer la muerte. Culmina el show, el Cosmic Shit, y la fiesta de la vida sigue.

  • Noches de Aquelarre en el Euro

    Noches de Aquelarre en el Euro

    Redacción por Iván Gutiérrez

    Entrar al Euro siempre representa un trance porque implica pasar del escenario urbano cotidiano a uno de los pocos espacios contraculturales en el centro de Ensenada. Al internarse en este bar uno se encuentra de inmediato con una bola disco en el techo, luces verdosas disparando sobre la superficie del cuerpo, paredes vestidas con cuadros psicodélicos y figuras estrafalarias, espejos con calcas de creadores locales, maniquís arropados con lamentos, murales espaciales, muñecos de bebé colgados del techo y por supuesto, una piñata de Bob Esponja.

    “Gracias, esto fue navegante”, comparte de una de las vocalistas del grupo Palomazo Cósmico, banda local de estilo chamánico que esta noche da arranque al “Aquelarre”. Entre caras pintadas, una ofrenda con flores de cempasúchil e instrumentos acústicos, el cuarteto de vibras siderales canta sobre el devenir de la vida; el camino es el destino, recuerdan.

    LAS HERRAMIENTAS SONORAS DE LA AGRUPACIÓN INCLUYEN UN JEMBÉ, UN DERBAKE, UNA FLAUTA TRANSVERSAL, UN DIDGERIDOO, PERCUSIONES DE MANO, UNA ARMÓNICA, GUITARRAS Y UNA ARMONÍA DE VOCES QUE TE TRANSPORTAN A ESE LUGAR DE LIBERTAD QUE REPRESENTAN EL MAR Y LA ARENA.

    Nacido en diciembre de 2014, Palomazo Cósmico brota con Timna Baltdonano y Mar Leal en una playa con una guitarra, amistad y muchas ocurrencias repentinas, espontáneas y divertidas; posteriormente se incorporan Gabriela Bastidas (percusiones) y Carlos Argaez (instrumentos de viento). El género del conjunto es difícil de definir, pues incorporan voces bluseras, percusiones africanas, a rato rimas del barrio y letras con gigs a Pink Floyd y flores azules en el cielo. De igual manera los sonidos del grupo suelen fluir y cambiar con cada canción, mismas que siempre nacen de la improvisación y la intensidad de las emociones. Eso sí, la combinación de las voces de Mar y Timna son la pócima perfecta para cerrar el embrujo.

    Gabriela Bastidas, Tima Baltodano y Mar Leal. Foto: Josué Domínguez

    Esta noche los símbolos que conjuga el grupo hacen de la presentación un show que trasciende la música para crear una atmósfera mística de locura y lluvia. Al igual que las otras dos bandas que tocan esta noche, la aspiración de Palomazo Cósmico es viajar y conocer los diversos estados de la república mexicana, sueño que buscan alcanzar a través de su música plasmada en “Introspección para la transformación”, primer disco del grupo, y “El árbol de los deseos”, segunda entrega que ya está en el horno.

    “Introspección para la transformación”, primer disco del grupo

    El grupo concluye su presentación de esta noche con un ritual caótico, un elogio a la locura, un frenesí explosivo de poesía parida por Timna. Con máscara cubriendo el rostro, la identidad, el yo, la posesión de la artista es extraordinaria: el trance se expande y el manicomio abre sus puertas para invitarnos a pasar.

    ***

    Los músicos de Adeumazel terminan de montar sus instrumentos y se preparan para cabalgar por el jazz fusión experimental. La raza comparte historias, choca las chelas, rola un tabaco: cotorrea mientras al fondo suenan unas rolitas de King Crimson.

    El trío tijuanense inicia la fiesta con un ritmo de jazz fusión sabrosón, obligando a los mortales presentes a derramar la movilidad y ponerse a bailar en la frontera de lo real. El olor a salvia llena la estancia; las vibras negativas están prohibidas esta noche.

    Con Lisa Jay en la batería, Eunice Paz en el bajo y Adrián Campay en la guitarra, Adeumazel inicia su trayectoria musical en el 2010 tras la unión sentimental entre Eunice y Adrián: “Empezamos a tocar juntos y muchas ideas comenzar a fluir, mucha inspiración, mucho amor, me gusta decir que tuvimos un vómito de ideas, ¡salió un chingo en muy poco tiempo!”comenta en entrevista Adrián con harto ánimo. “Comenzamos a tocar los dos más un iPod, por eso le pusimos Ad (Adrián) eu (Eunice) Mazel (“más el” iPod), luego se integró Elizabeth y quedó perfecto el ´mazel´, la sincronía se dio”.

    Adrián Campay. Foto: Adrián Macías

    Con su sombrero adornado por una flor de cempasúchil, Adrián Campay alza el vuelo jammeando por las luces de su universo personal, deslizando magia por los ritmos del blues y jazz que los músicos de esta noche extraen del más allá.

    “DOS TERCERAS PARTES, DOS, DOS, DOS, EL INFINITO ESTÁ AQUÍ”, PRONUNCIA EL MÚSICO POR EL MICRÓFONO ANTES DE LA SIGUIENTE ROLA QUE EMPIEZA CON SUAVIDAD SEDUCTORA, RECORDANDO AL COMFORT Y MÚSICA PARA VOLAR.

    Teniendo entre sus influencias el jazz, el rock, el progresivo, el hip-hop, el trip-hop, la música psicodélica, el funk, la música de Adeumazel es perfecta para improvisar pensamientos explosivos cuyas direcciones y velocidades son igual de inciertas que las notas del jazz. Una pausa, cambio de ritmo, espera, detente, empieza ahora, no, mejor vete por allá, sube, ¡ahora, salta!

    Lisa Jay (batería) y Eunice Paz (bajo)

    “Confluyendo en lo sagrado con el tabaco, la siguiente rola se llama ´Frajos´”. Imposible seguirle el paso a los malboro y los camel que salen de la batería y las escalas que la bajista explora con la gracia del talento musical.

    “Nos gusta decir que somos un trío de género no-obligatorio, porque nunca nos quedamos en un solo género, hay varias rolas que abarcan muchos y es como un no-conformismo a un solo género”, comparte Adrián a este medio.

    Parece que la demencia es requisito para tocar esta noche; la invocación de paisajes sonoros surreales vuelve innecesario el consumo de drogas psicodélicas: “la danza de la guerra de una tribu africana le dio vida a esta canción”, comparte Adrián antes de dar inicio a la siguiente rola, parte del repertorio de un grupo que crea música con la intención de “tripear” a la bandita que los escucha:

    “NOS GUSTA ROMPER ESQUEMAS, PORQUE LA VIDA NO ES MONÓTONA COMO UNA CANCIÓN POP, ES MÁS BIEN UN CONSTANTE CAMBIO: YA QUE AGARRASTE LA ONDA Y TE METISTE EN EL GROOVE, LA VIDA TE SOPETEA Y CAMBIA EL GROOVE, ES LO QUE DECIMOS Y SENTIMOS CON NUESTRA MÚSICA; UN REFLEJO MÁS VERÍDICO DE LA REALIDAD”.

    Tras la publicación de su primer disco de nombre homónimo en el 2015, la banda emprendió una gira por la Ciudad de México, San Cristóbal de las Casas y Guatemala, recorriendo espacios en la capital del país como Capitán Gallo (“no comas LSD y vayas a ese lugar”) y el Museo de la Ciudad, así como El Paliacate y el Café Revolución en lo alto de la sierra chiapaneca. Hoy tocan sus delirios en el Eurobar de Ensenada.

    “Ya son las siete, siete de la tarde, son las siete de la tarde”. Figuras de agua, balance de la angustia, adiós al montón cuadraturas que la escuela de música te obliga a aprender antes de poder romperlas, triturarlas, remodelarlas en símbolos antes separados, dispersos, olvidados. Los solos de la guitarra de Adrián son energía pura: junto con la armonía de Eunice y Eliza el grupo crea esa sensación placentera que se respira cuando se goza una auténtica experiencia estética. Su música va esculpiendo las capas de una sinfonía de humo y aire; es el jazz llenando las venas de la aventura de estar vivo.

    TAMBORILEA LA BAJISTA SUS DEDOS AL LADO DE LAS CLAVIJAS DE SU INSTRUMENTO MIENTRAS EL GUITARRISTA ARMA UNA ESCALA PROGRESIVA QUE DE INMEDIATO ES ASALTADA POR LOS TAROLAZOS DE LA BATERÍA. EL SABOR DEL JAMM ATRAVIESA SENTIDOS; DESCRIBIR LA MÚSICA DE ADEUMAZEL SE VUELVA UN RETO PARA ESTAS LETRAS. SON FANTASMAS SONOROS: APENAS LOS ESCUCHA UNO HAN DESAPARECIDO Y REAPARECIDO EN OTRA PARTE.

    La baterista juega con sus explosivos como quien domina el arte de los truenos líquidos, derribando paredes de tierra que sólo la maestría técnica permite ejecutar: rompe el viento y acomoda veinte golpes donde solo deberían caber 3; el baile de sus baquetas es hipnotizante, impredecible.

    Con su primer disco de nombre sssss publicado en el ssss, el segundo disco de Adeumazel está por publicarse tras concluir la gira que inician esta noche con Melbeat, y al igual que el resto de músicos de esta velada, comparten el gusto por viajar: “Es genial poder usar la música como un medio para ir a recorrer lugares hermosos que nunca hemos conocido y compartir con la gente nuestras canciones, y luego con las Melbeat que tienen un chingo de trayectoria mejor”.

    La mano derecha de Eunice interpreta una obra de teatro sobre el bajo: se yergue, reposa, salta un par de escalones y pasa por la sesión de fotos sin dejar de moverse por las cuerdas donde habita. En este momento el Eurobar le pertenece al jazz experimental. Concluye la presentación del Adeumazel y las palmas hacen temblar el cuarto oscuro.

    ***

    Lo que se aproxima se antoja espectacular: una interpretación conjunta entre Melbeat y Adeumazel, pero primero hay que acomodar esto por aquí y aquello por allá. Dueto musical conformado por Alma Vargas y Melodie Pichardo en el 2013 durante un viaje por la República Mexicana, la propuesta de Melbeat surge en el seno de las calles de México como un proyecto para subsistir y continuar el tripeo.

    “Tenía el sueño de viajar de mochilazo por la república mexicana”, cuenta Melodie al narrar cómo conoció a Alma, para posteriormente mudarse de Mexicali a Tijuana atraída por la diversidad cultural (y la aceptación de la diversidad sexual) de la ciudad fronteriza.

    “El primer viaje que hicimos juntas fue de 3 meses, en el 2013, llegamos hasta Oaxaca, y luego de regreso. Al principio hacíamos sólo Malabares en los semáforos, había veces que no nos alcanzaba ni para comer, fue entonces que decidimos intentar otra cosa y empezamos a tocar, dándole seguimiento a un proyecto que ya tenía Melodie”, comenta Alma, quien aprendió a tocar instrumentos de percusiones “sobre la marcha”.

    “Anduvimos tocando en las calles de Guadalajara, en restaurantes, tocábamos boleros, algunas canciones de Melodie, en el DF tocábamos en La Condesa”, comenta el duo femenino al recordar su primer viaje.

    Adrián Campay, Eunice Paz y Melodie Pichardo

    Inicia el concierto con una vibra traslucida perfecta para navegar por las curvas de la montaña. “La bóveda celesta, mi cuerpo se extinguió, célula inmortal, suave sonido detrás de mí, el tiempo al pasar se está transformando”. Dos percusiones se conjugan: Alma y Lisa sacan de sus instrumentos un fuego que baila.

    SIENDO CONGRUENTES CON LOS RESULTADOS DE ESCUCHAR JAZZ, BOSSA-NOVA, FOLK, REGGAE, ROCK CLÁSICO, GRUNGE, INDIE Y “DE TODO UN POCO”, LA SEGUNDA PIEZA DEL GRUPO ES UN TRAGO DE BLUES EMBRIAGANTE, MISMO QUE EN ESTA OCASIÓN HA DEJADO DE LADO EL ESTILO “ACUSTIC-BEAT” DE LA BANDA PARA CREAR UN SONIDO NUEVO CON EL APOYO DE ADEUMAZEL.

    Alma Vargas, percusiones en Melbeat. Foto: Josué Domínguez

    La siguiente rola es un clásico de la banda: “Esto se llama Horizonte y va dedicada para las Palomazo Cósmico”, dice Melodie, arrancando el viaje hacia una estación donde las cadenas revientan y el neo-folk regional exhibe su potencial. Algo de la vibra del duo tijuanense me recuerda al proyecto de Perota Chingo, allá por la Argentina.

    Arrancando esta noche su gira por la península bajacaliforniana en “la combi del chombi”, la bitácora viajera de Melbeat incluye recorridos por plazas, festivales, bares, foros, cafés etc de todo México, llegando en el camino a entidades como San Luis Potosí, Guerrero, Guadalajara, Chiapas, Ciudad de México, Michoacán y hasta Guatemala.

    Entre el repertorio del duo que hoy es familia podemos hallar “El viaje” (2014), primer disco de la banda, mientras que “Mi lugar en el espacio” (2016) es el nombre de la segunda compilación, mismo que incluye temas como “Más allá”, “Señales”, “Estelar” y “Horizonte”, canciones que han emanado de las experiencias de sus viajes.

    ESTO ES ESTELAR, CON ESTA ROLITA NOS DESPEDIMOS, ¡GRACIAS POR HABERLE CAÍDO!”. LA BOSSA NOVA IRRUMPE CON UN ARROJO DONDE FLUYEN COMETAS Y LAS ÚLTIMAS HOJAS DEL OTOÑO. LA PISTA LLENA, LOS PIES ALUMBRANDO LAS DIMENSIONES DONDE EL CALOR, LAS PASIONES Y LOS SONIDOS INFINITOS IMBUYEN AL PÚBLICO QUE CIERRA LOS OJOS Y SE DEJA CAER POR LA CASCADA DE MELBEAT, ¡QUÉ VOZ TIENE MELODIE! “…Y LA FELICIDAD NOS EVAPORA…”.

    Tras las ganas del público de seguir disfrutando las horas nocturnas con buena música, la bandita de Tijuana nos regala una última rola: “Dicen que los astros cuentan historias sobre las conexiones con el universo; nosotros somos un eslabón más del cosmos”. Con un jamm atronador concluye una velada llena de buena vibra, cotorreo chido y música regional de calidad. ¡Que sigan fluyendo los sonidos de la Baja California!

  • La potencia infracósmica de Boreal Magma

    La potencia infracósmica de Boreal Magma

    Redacción por Iván Gutiérrez
    Fotos por Paulina Lazcano

    A las 8:15 de la noche del sábado 11 de noviembre, como han hecho desde que iniciaron a tocar juntos hace 7 años, los músicos de Boreal Magma pasan al escenario listos para saturar de rock los oídos del auditorio en el Foro Experimental del Ceart Ensenada, concierto por el lanzamiento de su primer disco.

    Al fondo un video proyecta a un hombre “hecho de crema” que se devora a sí mismo a cucharadas, para luego exhibir escenas de procesiones oscuras, trayectos psicodélicos, paisajes astronómicos, pedazos de la película experimental Begotten, rituales satánicos y fuerzas cósmicas que llevan al Dharma. A la derecha del escenario reposa una ofrenda con velas y flores de cempasúchil: la música está por comenzar.

    Boreal Magma es un proyecto de “stoner-cosmic-heavy-psychodelic-rock” que nace en el 2009 tras el encuentro de los hermanos Romo con Mar Leal, quienes coincidieron en un proyecto de covers a bandas que tenían en común. A finales de 2010 el bajista Ravel se incorpora al grupo y con ello comienza la segunda etapa de la banda, con la composición de sus propias canciones para “recibir sus propios aplausos”.

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    Carlos Romo, guitarrista de Boreal Magma

    Con la formación de Oscar Romo en la batería, Carlos Romo en la guitarra, Mar Leal en la voz y Ravel Giménez a cargo del bajo, los integrantes nombran al proyecto “Boreal Magma” con la intención de conjugar dos fenómenos de naturaleza contradictoria: las auroras boreales y el magma del centro de la tierra, desarrollando un juego de conceptos opuestos al igual que lo hiciera en su momento la banda “Iron Butterfly”.

    Ya sintonizados y trabajando material propio, los músicos comienzan a realizar presentaciones en espacios underground y contraculturales, para posteriormente tocar en escenarios más grandes y en festivales de la región, recorriendo en el camino los municipios de Baja California.

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    En el amplificador del guitarrista una ilustración que replica el “desarrollo evolutivo” de los miembros de la banda. Vestida de negro, descalza y con los dedos de los pies pintados de sangre, Mar “Boreal” toma con seguridad el micrófono con el que dispara su letalidad. Inicia la presentación y con ello la ondulación de su melena de fuego que acompaña a sus potentes cuerdas vocales.

    “Esta canción habla de crear una barrera, un conjuro contra la gente que nos quiere hacer menos”, expresa la vocal para dar inicio a la segunda rola de nombre “Conjuro”, que advierte: “¡Piensa fuerte, no los dejes entrar!”.

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    Mar “Boreal”, vocalista del grupo ensenadense

    Descrita como “un análisis de la humanidad y del universo” por Carlos Romo, los fuertes sonidos sesenteros y setenteros de Boreal Magma buscan ser un reflejo de la realidad que se vive o se imagina: “Nosotros plasmamos nuestra visión del mundo con la música, por ejemplo ‘Fuego en el Cielo’ es una canción que habla sobre el fin del mundo, el tan gritado 2012. También tenemos reflejos de nuestras pesadillas, de lo que ocurre en la sociedad, de problemas personales que adaptamos a nuestras canciones”, comparte Mar, también integrante del Palomazo Cósmico.

    Con su primer disco ilustrado por Herbert Ruper, grabado en El Studio, mezclado y remasterizado en Diablo Studio con el apoyo de Eduardo Bañaga, el material que los boreales comparten esta noche es el resultado de 7 largos años de trabajo (entre los que ha habido varias épocas de inactividad), y refleja la evolución que ha tenido la banda, incluyendo 8 canciones originales —de un repertorio mucho más amplio— entre las que se encuentran “Danza con el diablo”, “Ying Yang” e “Instituciones del metal”.

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    Oscar Romo, batería de Boreal Magma

    El show continua y el también baterista de Shamán Bombay acribilla tarola y platillos con la pasión de un músico comprometido con expresar su virtud en cada nota. Con botas negras, el cabello largo y su guitarra SG, el estilo musical de Carlos Romo integra toda la herencia del rock clásico y la nueva ola de los 70´s, retomando con precisión influencias de bandas como Led Zeppelin, Black Sabbath, Deep Purple, Steve Millers Band, Magma, Mars Volta, Dio, Electric Wizard y Judas Priest, así como de las nuevas bandas de Stoner Rock.

    “Se oirá utópico, soñador, se oirá estúpido, pero juntos es como vamos a cambiar el mundo”, comparte Mar al iniciar con la rola de Unión Universal, pieza agresiva que trae a la mente los primeros tokines del grupo en casas de los compas por aquellos años de la preparatoria, cuando la escena metalera tenía mucha más presencia en la ciudad: “Tiene su trip tocar en tokines underground, porque estás en medio de todo el movimiento, cerca de la raza, mientras que en escenarios disfrutas de la cuestión estética: las luces, el sonido, pero quizás estás un poco más alejado de la gente”, comparte la vocalista en entrevista.

    ¿Qué le ha pasado a tu horizonte? ¡Veo un planeta esclavizado!”. Al recordar los años en que había tokines cada fin de semana pienso en la trascendencia de este evento y el apoyo del público que ha llenado el Foro Experimental: el mensaje es que el rock pesado local sigue vivo y está dispuesto a dar la batalla. Habiendo tocado en tantos escenarios y con la grabación de su primer disco, Boreal Magma es el ejemplo de que la música local “underground” puede pasar del barrio a nuevos públicos y escenarios.

    ***

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    Ravel Giménez, bajista en Boreal Magma

    Hay una transición mística, la guitarra prolonga un eco mientras los temblores de la batería bailan con las palabras astrales que recita Mar. Parado en posición de batalla, el músico Ravel Giménez mueve con destreza sus dedos por su blanco instrumento para engendrar los sonidos que te obligan a mover la cabeza en una aprobación de rudeza constante: el headbanging.

    “Muchas gracias a la raza que nos hemos topado en los tokines, a todos los músicos que nos han apoyado. Quisiéramos seguir tocando y jammeando toda la noche pero todo lo bueno tiene que acabar”, dice con su voz potente la cantante boreal, para comenzar a cerrar la noche con el clásico “Fuego en el Cielo”, primera rola parida por la banda que sintetiza la esencia de su música.

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    Al fondo los visuales exhiben una revuelta anarquista mientras una luz roja refleja el fuego de quienes hoy inician una nueva etapa en su carrera musical. Tras 7 años de tocar juntos, la banda que hoy llena de música el Foro Experimental ha tenido todo tipo de experiencias, de las que vale la pena recuperar una anécdota:

    “Una vez estábamos en una tocada en el sauzal, la banda estaba comenzando a evolucionar metiendo pedales con efectos, estábamos volados porque íbamos a conectar como 5 pedales. Pero verás, si no conectas bien los cables en los pedales, no suenan. Entonces ya habíamos anunciado que traíamos nuevo equipo y la chingada, pero por la “embriaguez del momento” no pudimos hacer que funcionaran los pedales y terminamos tocando así en limpio”.

    Termina el show, se aplaude con fuerza y varios asistentes se llevan nueva música a su hogar. Un nuevo camino se abre para los músicos boreales, para quienes la escena loca todavía tiene mucho potencial: “Está chido que se una la banda de Ensenada a una presentación de un grupo local, hace falta el apoyo de la localidad hacia las bandas, eso da mucha confianza para seguir haciendo lo nuestro”, comenta Oscar. “Ésta ha sido una de las mejores presentaciones que hemos tenido, tanto por la carga emocional de presentar nuestro primer disco como por la respuesta positiva de la gente, y eso nos anima a seguir haciendo más y mejor música”, agrega Mar con gran satisfacción.

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    Boreal Magma se estará presentando el próximo viernes 24 de Noviembre en el Bar Xibalba durante el “Cosmic Shit 2017”, un evento contracultural organizado por “Transente” donde también participarán Son del Puerto, Danza Inuari Dare, Ek Balam, Rey Ventura, Don Palabras Langas, Shebela y donde habrá lectura de poesía libre, lecturas dramatizadas, visuales a cargo de Indigente en Llamas y Diálogos con la muerte.

  • Asalto a la Plaza de las Artes: un concierto a la Jodorowsky

    Asalto a la Plaza de las Artes: un concierto a la Jodorowsky

    Fotos y redacción por Iván Gutiérrez

    Un concierto para entrar en contacto con las propuestas regionales y escuchar como presentación estelar a un músico cercano, humano, amigo: noche ideal para que la juventud reclame un espacio que por derecho es suyo.

    De los claroscuros que se erigen con la penumbra del alumbrado público surge la escultura de una doncella sin extremidades ni cabeza, sólo belleza. Al fondo un baterista tijuanense canta sobra estatuas o cifras, describiendo un escenario tétrico cuyas figuras nocturnas contrastan con la suavidad de un coro iluminado. Esta noche la “Plaza de las Artes” le pertenece a la juventud: la música alternativa regional será el coctel que acompañará una velada organizada como parte de las actividades del Festival de Octubre.

    “Somos Entre Desiertos, de Baja California, vamos a tocarles un par de rolitas esta noche”, comparte Rommel, vocalista de la agrupación fronteriza de nombre recién evocado. A petición del público inicia la canción de “Semáforo”, pieza que tiene lo mismo de repetitiva que de extraordinaria y que hace 3 meses fue teatralizada en un video que desborda esquizofrenia, drama y lucidez.

    Rommel Santellanes, vocalista de Entre Desiertos

    Las reflexiones internas se gestan con los homenajes al delirio del grupo desértico: “¿Qué es la música? ¿Un símbolo? ¿Un mensaje? ¿Un conjunto de almas reflejadas en el caos de lo errático?”. Pensando desde la ciencia social, nos encontramos con la aproximación a la música como expresión cultural, y si la cultura es identidad, ¿qué dice la música regional de nosotros, los reunidos hoy en este pedazo de mundo? ¿Qué somos? ¿Qué queremos ser?

    Una proyección de visuales curvados y derretidos iluminan una pared al lado del escenario, acompañando el trance de “Poco a poco”. En las vibraciones a la Tijuana pienso en nuestra generación, condenada por la incertidumbre, la crisis de valores del nihilismo malinterpretado y la voluntaria ignorancia de la historia: una generación cuya única certeza —inyectada por los medios— es que debemos vivir con intensidad cada momento (es decir, tomar las decisiones más estúpidas a cada oportunidad) porque, pues “sólo se vive una vez”.

    Teclados y batería de la agrupación tijuanense

    Un sismo orquestal hace temblar los escombros de los presentes/ausentes, reacomodando la dirección de lo que llamamos emoción. La siguiente canción es “Cristal”, cuya primera armonía es marea y salto: “Hoy creí… poder soñar… con la luna al cristal…”. ¿En qué punto del abanico de géneros musicales situar a Entre Desiertos? Difícil de aterrizar cuando su textura retoma elementos de jazz, música electrónica, indie-rock, sonidos de orquesta y la lírica semi-poética que le fascina a esa difusa tribu urbana denominada como “hipster”, tan popular en la región: “¡Y salgo, una ninfa me incita a viajar… hacia ti!”.

    “¡Cáiganle a bailar!”, exclama el vocal. Se acercan los valientes que prefieren soltar la tensión de la semana antes que preocuparse por el “qué dirán” de los que observan sentados (¿cansados?). “¡Morena mía suelta esas piernas!”, dice La Gota. “¡Que se escuche ese grito! ¡Oooooooh!”. Eso quiere el artista, sacudir la garganta, trastocar el estrés, que reine el sentimiento, la libertad y el caos por un momento eterno.

    Concluye la presentación de la banda tijuanense y entre el cambio de músicos se dan las conversaciones atípicas que resultan de colisionar marcos de referencia y significación diversos. “¿Quiénes eran?”, me pregunta un señor de edad avanzada. “Entre Desiertos, una banda tijuanense”, le respondo. “Órale, están chidos, algo locochones”, expresa el nuevo fan.

    Polo Vega y su proyecto Trillones

    Tras unos minutos de espera inicia Trillones, músico de Mexicali cuyos beats seguro espantarán a varios adultos porteños no acostumbrados a que les revienten los oídos de esta manera. “¿Qué opinas del tipo haciendo ruido?”, me pregunta una amiga bióloga. “Creo que asustará a más de uno”, le respondo. “Parece que dice ´mátalos, mátalos a todos, ¡a todos!´”, expresa con humor. “No me gusta, no me gusta”, dice de inmediato mostrando un pulgar hacia abajo.

    El escenario y el público siempre serán la otra mitad de todo concierto. La disposición de sillas, en esta ocasión, atenta contra el baile, retiene en los asientos a la gente que sólo puede dedicarse a imaginar cómo sería si se parecen a danzar esa música rara. Una niña rompe la pared, digna representación de la indiferencia al ridículo, y se posiciona frente al escenario, lista para navegar por las cumbres y paisajes estelares en los Trillones de galaxias que encierra este proyecto cachanilla; el instante resulta dialéctico por el conjunto de contrastes entre ambos actores de la escena.

    “¿Quieres?”, me pregunta una amiga socióloga, extendiendo un termo con “café”. Acepto un trago agradecido, mientras el músico de Mexicali sigue ondulando la realidad con beats procesados en la ruptura de la normalidad.

    “¿Qué hacen?”, le pregunto a un par de amigos estudiantes de biología, gustosos de exprimir el pensamiento y las certezas hasta sus últimas consecuencias. “Hablar del futuro”, me responden. Tampoco disfrutan mucho del número. Concluyo que sería música más apropiada para una fiesta en casa, con cerveza y otro tipo de sustancias no permitidas para la gente hipócrita.

    Veo decenas de gente sentada y una multitud parada: hay casa llena en Cearte. Unos se besan, otros más buscan, un anciano baila en su silla, y claro, algunos desechan y retoman vicios como hace el artista con los sonidos que no le sirven para transmitir su debraye interno. Varios beben “café” en sus termos para quitarse el frío y la moderación, otros miran atónitos el número musical que ha convertido la explanada de Cearte en un intento de rave. “Faltaron las tachas”, me comentará una amiga más tarde en “El Euro”.

    Visuales de KPA

    Presto atención y descubro que una colega del “Colectivo KPA” es la responsable de las proyecciones. “Son en vivo, no puedo hablar mucho ahorita. Los visuales de Meltí son los chidos”, comenta.

    “¿Qué te parece?”, le pregunto a un amigo comunicólogo sobre la música del trillón. “Está chido, pero me gusta más la de ‘Ora pinches vergas´ de Los Wookies”, responde el también bajista del grupo Envergadura.

    Cruce de miradas y relámpagos alumbran la experiencia mientras una pareja se balancea con las sacudidas de la música electrónica que “Polo Vega” crea desde el 2013. “Música hecha con máquinas frías para calentar el alma”, afirma el artista. “Se quedan con Meltí”, comenta al despedirse.

    Se reacomodan los músicos, la gente, los diálogos y las vibras. “Y a todo esto, ¿quién es Adan Jodorowsky? Sé que es hijo del director chileno, pero no sé qué pedo…”, comenta alguien en una conversación grupal.

    Un colega reportero de El Vigía me comparte que es “fan” del músico desde la secundaria. “Sí we, yo tenía el disco de ´El Ídolo, está bien loco ese we, una vez su jefe le dijo algo así como ´si quieres cogerte a tu mamá, por mí no hay pedo´, pero pues imagínate, ser hijo del pinche ´psicomago´ese. Su música está muy chida, tiene varias etapas”.

    Empieza la orquesta ambiental de Meltí, esparciendo atmósferas folclóricas entre los bosques pacientes, enredando tramas donde el tiempo cambia de color según la dirección que tome el viaje astral personal. Tres voces crean el salón de baile sideral donde los pies de la niña y su madre saltan montañas, valles y ríos.

    Si desaparecí, fui en busca de verdad…”. Con su rock atmosférico Meltí llena de cristales y reflejos la realidad, proyectados en el mapa de la conciencia dormida (lúcida) que elabora KPA: un auto en llamas, una persecución a mitad de la carretera (¿homenaje a Karma Police?), mientras un violín desgarra la dimensión urbana para transportarnos al otro lado de la duda. “Les falta presencia en el escenario”, comentará más tarde un camarada al estar dialogando sobre su presentación.

    Saludos, abrazos, sonrisas (falsas y honestas) se intercambian mientras transcurre el show del grupo ensenadense, como suele ocurrir en los eventos culturales de la ciudad, en los que todos nos encontramos y nos reconocemos de una u otra parte; maldición, bendición, dependerá de la madurez y la reputación.

    “Puedes oírme”, gritan los músicos, incinerando y recreando recuerdos, repitiendo ciclos, momentos que de tanto encierro explotan en un drama que nos atraviesa a todos y nos deja listos para la presentación estelar.

    Mientras esperamos el show de Adan Jodorowsky, multifacético cantante cuyos personajes mueren cuando se desgastan, observo el montaje a mi alrededor, cuyo rasgo principal son los jóvenes: perforaciones, tatuajes, jergas, peinados estrafalarios, cabellos coloridos, gafas pretenciosas, desempleo, sueños, angustias, dibujos, audífonos, ojeras, amor y desamor, “café” (y en alguno de los bolsillos poquita marihuana), diálogo político (escaso pero presente), todos parecidos en que son (o se creen) únicos. Es una exhibición del mosaico de identidades juveniles, diferenciadas y similares, pero eso sí, con la resistencia pasiva bien marcada en sus vestimentas.

    La música de fondo se desvanece, el show principal está por comenzar. Los pibes se acercan al escenario y comienzan a aplaudir, bailar y gritar a una sola voz con la llegada de “El Ídolo”, quien abre el show con una canción de su nuevo disco en la que denuncia que “Nada es más hermoso que vivir”, aclarando de una vez que éste show tendrá su nivel de intimidad al acariciar a los fans desde la primera pieza.  

    El Ídolo

    La mitad de las sillas han quedado vacías para llenar la pista de baile, mientras una avalancha de buena onda morada, azul y rosa se apodera de los seres marinos. “¿Saben hablar francés?”, pregunta el joven músico, para iniciar con J’aime tes genoux, oda a la belleza de las rodillas. La multitud de jóvenes baila, sonríe, vive, disfruta.

    El hombre de corbata, saco brillante, barba y look de gurú new age nos introduce a Charly, joven técnico responsable de que Adán Jodorowsky sea parte del Festival de Octubre: “¡Charly, Charly, Charly!”, grita el público fundiendo la vibra de ambos lados del concierto.

    Es el turno de lo que ya es un clásico para los seguidores del cantante: “Un dolor insoportable… me está comiendo el alma…”, inicia con música de cabaret la voz que canta sobre lo mal que está, sin saber dónde ni cuándo y qué. La banda saca el dolor al aire prendiendo cigarrillos, dándole tragos a su “café”, meneando el cuerpo y cantando eufóricos: “Podría darme cuchillazos aquí en el corazón, por lo menos sufriría por alguna razón… por la calle gritaría… ¡soy un huevón!”.

    Tras cantarle las mañanitas al guitarrista de la banda (una recepción bastante mexicana), Adán expresa que “ha llegado el momento acústico”, para iniciar con una canción de su nuevo disco de toques tristones. Los cuerpos se balancean con la balada nostálgica, susurro ideal para volver a aquellos recuerdos y tomar un poco de aire para despejar la pesadez del presente por unos minutos.

    Las chicas lindas bailan con el sabor de la música que llevan dentro y que Jodorowsky conecta con la brisa del puerto al cantar sobre “liberarse del sentimiento y sacar de ti lo más bello”. Los perfumes se mezclan en una bebida embriagante al iniciar “Amor sin fin”; una breve película de recuerdos de la vida universitaria encienden fibras de la nostalgia que evoca la memoria de pasear por la ciudad en bicicleta, sin más preocupación que estudiar, aprender, crecer: ser. El coro de la melodía une a todos en una sinergia que potencia la apertura del alma.

    El Ídolo canta uno de sus himnos, desnudando el alma con un espectáculo que salta de la parálisis al fluir explosivo de los cuerpos: “Y ahora, qué puedo hacer, si un astro, yo quiero ser…”. El músico hipnotiza al público con su baile sensual: el digno movimiento de su trasero será tema de conversación tras concluir el show.

    Trasero

    “Color café, como tu color café”, corean los labios que degustan el provenir de una canción ante la cual es imposible no sonreír. El loco abre un pasillo a la mitad del público y sale corriendo entre la multitud, mientras en el aire el olor a sonrisas pachecas libera los bloqueos mentales que permanecían sólidos como ladrillos: hoy se baila sí o sí.

    Los músicos enloquecen y el baterista saca el fenómeno natural que guarda en su interior. Tras la primera retirada del grupo y el tradicional grito por “otra” canción, regresa Adán para compartir “Déjame llorar”, pieza para externar las penas por aquel o aquella que nos hace falta: “si es un delito amar, un delincuente soy…”.

    La melancolía prosigue con una canción para los que nos sentimos solos y queremos ser otro, en una versión acústica que permite soltar y volar.

    “¿Puedo tocar una canción más? ¿Sí, una con mi guitarra, rápido?”, pregunta el niño Adán. La petición es aceptada y el cantante nos regala una última pieza: “Ya no estás más a mi lado corazón, y en el alma sólo tengo soledad…”. El homenaje a la vida termina con el músico nadando entre un mar de brazos entusiasmado por tocar a su ídolo. 

    La velada en la Plaza de las Artes llega a su fin con esa sensación que surge cuando se mezcla amor y tristeza, dejando a los jóvenes de Ensenada con el perfecto sabor de boca para seguir soportando la existencia un rato más. Por esta noche, el Festival de Octubre nos ha complacido; y eso no se consigue fácilmente cuando se trata del pueblo-citadino, cuyos habitantes suelen exigir mucho más de lo que dan.

  • Fluir con tristes ojos: crónica de un concierto melancólico

    Fluir con tristes ojos: crónica de un concierto melancólico

    Redacción por Iván Gutiérrez

    Viernes 18 de agosto del 2017, Ensenada, B.C..- Otra noche de ánimas en el Abels Bar, espacio pionero en darle espacios a los géneros “alternativos” de Ensenada. El acostumbrado retraso me ha quitado la oportunidad de escuchar a Hermann Haze, banda porteña de rock psicodélico que abrió el concierto melancólico de esta noche. Tras avanzar por el pasillo de guitarras que distingue a este venue descubro un coro de voces que diluyen “Micro-sueños” y ecos de cuerdas que recuerdan al flujo constante de los espirales de niebla que se tejen al dormir. Caminos, persecuciones, dramas que se deslizan con el canto del violín que se aleja con el sol y la muerte.

    “Pueden escuchar nuestro primer EP, cabeza de coyote, en las diferentes redes”, comenta Joel Jarcía, tecladista de Meltí, un proyecto ensenadense que mezcla géneros como el  jazz, el rock y el ambient para crear atmósferas que se desenvuelven por diferentes capas instrumentales. Conformado por los compositores César Beltrán (bajo y voz), Joel García (teclado, trompeta y voz), Karla Alcocer (violín, xilófono y voz) y Julio Beltrán (batería), el nombre de Meltí refiere a “coyote” en lengua kiliwa.

    Una trompeta acompaña la melodía de la chica que se balancea entre una banda sonora y el rock que renace en cada presentación. Debo confesar que la última vez que escuché a Meltí, durante el concierto de Entre Desiertos en este mismo lugar hace dos meses, no me gustó mucho su música. Sin embargo, a diferencia de aquella vez algo ha cambiado; quizás yo, quizás la ecualización, o quizás es que han estado ensayando. Lo cierto es que esta noche el mar sónico que sale de sus instrumentos me obliga a navegar por intrincados y desconocidos caminos.

    “Revancha”, nueva canción de los coyotes, ondula como un estanque hecho de tres frecuencias que desaparecieron en busca de la verdad escondida por un violín que salta escalones de cristal. “Están chidos, me gustan los coros, pero creo que sí les hace falta un vocal”, me comenta Alfredo (alias el Fofo), vocalista de Shamán Bombay; curiosamente, él es el vocalista en sus diferentes proyectos musicales.

    Las luces del Abels Bar revelan que la vida se escapa invisible, justo como el humo que exhalan los que esta noche aúllan mientras Meltí jammea en el desierto. La presentación del grupo termina, dejando al público imbuido en una serie de paisajes misteriosos.

    Integrantes de Meltí. Foto: Rosa Mora.

    Franz Ferdinand, Foo Fighters y The Strokes ponen el ambiente en el bar mientras se sucede el relevo de músicos sobre el escenario. Pido una cerveza indio, pago cincuenta pesos por ella, palpita mi pobreza; creo que está rebajada, me sabe mucho a agua, o quizás es que nada me sabe mucho estos días. “Mientras embriague”, escupe mi parte mediocre.

    Siempre es interesante conocer a los artistas fuera de la pantalla: uno reafirma entonces que también padecen de ansiedad, imperfección y hasta carisma. Humanos After All, que fuera del escenario también están improvisando, y que si acaso tienen un mérito es el de atreverse a compartir sus creaciones en vez de permanecer en la comodidad de las conversaciones y juicios de borrachos. 

    Uno de los guitarristas de Jardín juega a tocar los riffs de “The Pretender” mientras bromea con sus compañeros. ¿Recordará los viejos tiempos de tocar en el cuarto de ensayos? ¿La transición de tocar covers a sacar material propio?. “Una banda tarda en pegar 10 años”, me comentaba hace dos semanas el Fofo en el Bar Xibalba. Dialogábamos sobre la escena musical del puerto y el hecho de que el ensenadense por lo general abandone no sólo a las causas sociales, sino también a las bandas locales: el reino de la apatía se extiende a todas las áreas de la sociedad ensenadense. “La gente se harta de escuchar lo mismo y ya no apoya, dejan de asistir a las tocadas y ahí andan quejándose de que el cover está muy caro, pero bien que van y se compran sus chelas artesanales…”. Muy ensenadense el escenario pintado por mi camarada.

    Gabriel Martínez, vocalista de Jardín

    Regreso a Jardín. Parida en el seno de Tijuana en el 2013, la música de esta banda destaca por la nostalgia evanescente que emana al combinar géneros como el Dream Pop, el Jazz, el Indie-Rock y la psicodelia anclada con la música clásica. El grupo lo forman Gabriel Martínez (voz y guitarra), Alejandro Michel (guitarra y voz), Alejandro González (piano), Bryan Ruelas (batería), Marco Ibarra (sintetizador y secuencias) y Charlie Beraud (bajo), todos músicos unidos con la idea de cultivar un jardín.

    El grupo inicia su presentación con una melodía muy Jardín, es decir, inaugura pozos melancólicos cuya textura recuerda a los sintetizadores de Enjambre y la oleada de bandas mexicanas que se dedican a arraigar la desdicha en las nuevas generaciones. Entre la gente se pasean los integrantes de Meltí repartiendo stickers de “cabeza de coyote”; tomo uno y pienso que hacen bien al aprovechar todas las estrategias publicitarias para difundir su proyecto.

    “Amooooooor, respiroooo”, comienza el Monte de Venus con los asistentes ya en confianza para colocarse en primera fila. “Puedes dormir, y despertar, en calma…”, canta Gabriel Martínez mirando la distancia.

    “¿Sabes por qué pegan estas rolas?”, me pregunta Alfredo; le respondo que lo ignoro.

    “Porque son la fusión de las baladas que le gustaban a tu jefa (como Emmanuel, Camilo Sesto, Sandro de América o los Ángeles Negros) con la distorsión del rock y sintetizadores, es lo que algunos llaman ‘rockcito’. Piensa en El Brillas (León Larregui), ese vato agarró una balada de los años 20’s, la actualizó, ¡y exitazo! Por eso yo voy a pegar en unos años, ya que retomen mis rolas tristes…”.

    “Sueña, que se rompen tus cadenas, ven y busca una sirena…”. Las chicas han empezado a mover las caderas, comprobando la hipótesis de Alberto al deslizarse como las olas que se alejan con la calma y la tristeza del ayer de quien canta.

    “Un bello cielo… es lo que puedo dar”, canta el jardinero. Es tan cruel el querer, tan despiadado el sentir, tan frío el vivir. Ella baila sola y desenvuelta, no le importa que la vean, ya no controla su cuerpo ni su mente ni mucho menos su corazón; la han capturado las figuras de brisa que replican los anhelos del pasado.

    “Esta fue la primera rola que grabamos, y luego nos dieron ganas de hacer más…”, comparte el vocalista para iniciar con aplausos “La vida de mi vida”, provocando que la razón del dolor penetre hasta lo más hondo de las cenizas.

    “La siguiente canción… habla de fluir”. Para eso es la música, que en esta ocasión los tijuanenses lograron traducir en un video de danza contemporánea donde “todo escrito está”, siguiendo el paradigma de que el destino está decidido y sólo queda disfrutar el camino y las heridas a su paso.

    Termina la pieza y con ello el show de quienes buscaban una flor y encontraron un jardín; el público pide otra, quiere seguir sintiendo, viviendo, deprimiendo el sistema nervioso. “Todo es temporal”, nos recuerdan los músicos de Tijuana, ejecutando al momento su mensaje, terminando el sueño y ocultando de nuevo la emoción. “¡Hasta pronto, gracias!”, se despide Jardín.

    Arctic Monkeys y The Killers llenan la espera de la banda principal de esta noche: Ramona, joven agrupación que al igual que Jardín fusiona géneros como el rock psicodélico y el indie-pop junto con breves destellos de progresivo. Integrado por Jesús Guerrero (voz, guitarra y trompeta), Joel Dennis (guitarra principal), Edgar Moreno (bajo) y Omar Córdoba (batería y percusiones), Ramona inició su trayectoria en el 2012, y desde entonces ha compartido escenario con grupos del circuito alternativo mexicano, entre ellos Natalia Lafourcade, Hello Seahorse, Enjambre, Kinky, Plastilina Mosh y Ases Falsos.

    Angel Peralta, quien fundara Angel Peralta Project, un trio de Jazz progressivo de Tijuana

    Tras breves minutos de espera arranca la banda con la fundación de un sueño colectivo otorgado a los reunidos esta noche; los acompaña Ángel Peralta, un tecladista virtuoso de Tijuana cuyo proyecto personal se desintegró hace poco después de tres años de tocar jazz progresivo.

    “Esta rola se llama Cecilia”, comenta el vocalista de Ramona. Al momento un teclado teje la textura de una dimensión color rosa con morado, tonalidades tan propias de este tipo de grupos.

    “Esta siguiente rola va para todos los sentimentales”, comparte Jesús para iniciar con “Vete con él”. El despecho llena la cofradía reunida entorno a los artistas. “Yo sólo te vi pasar, como un pájaro azul…”. Resignación ante el ahogo de no poder tener el querer anhelado, tragos perfectos para las almas que gustan de vivir deprimidas.

    “Gracias por estar aquí, gracias a Jardín, a Meltí y a Herman Haze por armar esta noche”, comenta el joven vocalista. Con ritmo embriagante inicia una armonía de nubes que pasan sobre el mediodía. “Sólo quiero escuchar fluir agua del río…”, canta Jesús. Descubro entonces que el indie pop trasciende mi gusto personal, al menos por esta noche. “Antes tocaban más progresivo, pero de unos años para acá se fueron haciendo más pop”, me comentará al día siguiente mi pareja oriunda de Tijuana, quien los conoce desde hace tiempo.

    Jesús Guerrero, voz, guitarra y trompeta de Ramona

    “Tú te robaste mis ojos, te llevaste mi calma…”. Un túnel de espacios dimensionales se abre entre el bajo, los teclados y la batería que destroza el reloj. “El vino entibia…”, juega la voz al evocar una letra de Spinetta entre canción y canción.

    “Siento el dolor que tú causas en mí…”. Esta canción en particular tiene una seducción genial, pues te arrastra a sentirte vacío pero alegre al mismo tiempo. Ramona canta esta noche para quienes se rehúsan a aceptar los amargos finales. Se mecen los cuerpos absortos por la melodía melancólica del presente. “Tanto contigo y nada sin ti, es tu ausencia que me pone así”, sintetiza para la juventud el llanto tijuanense; todos bailan este vals con su propia herida dejándose llevar por las mieles del dolor, tan adictivas al recordarnos que seguimos vivos aunque a veces quisiéramos estar muertos.

    Toques de dream pop también se escabullen por el presente, al igual que rasgos de progresivo y decentes solos de guitarra. De jazz se ha llenado la estancia, en un bello ritmo creciente por el que, en mi insignificante opinión, debería de seguir experimentando la banda en el futuro.

    Al igual que con la banda pasada, el público clama otra.  Ramona acepta e invita a los músicos de Jardín a subir. “Mirar tu silueta por aquí o por allá. Donde estás, no te veo…”. Cantan los dos vocalistas y el guitarrista de Jardín en un festejo íntimo pero compartido. Se acaba la función, el show debe continuar. “El Brillas” comienza a tocar “Como tú (Magic Music Boc)”. Los y sobretodo las fans se acercan a los músicos para sacarse fotos; veo por última vez la escena y me retiro. He tenido suficiente música triste por un rato.  

  • Mi corazón lloró: crónica de una noche sin Juan Cirerol

    Mi corazón lloró: crónica de una noche sin Juan Cirerol

    Redacción por Iván Gutiérrez
    Foto de portada por Paulina Lazcano

    “El silencio de la razón mata los monstruos. El silencio deliberado los multiplica. Conocer y olvidar es el verdadero conocimiento”. Con esas frases se desenvuelve la conversación con Eduardo, amigo y colega escritor, con quien comparto letras al finalizar la pelea entre Mayweather vs McGregor.

    Juan Cirerol no se presentará esta noche, que porque se puso malilla desde temprano. La noticia ha dejado a cientos de almas desamparadas (“¿pero para qué? Para que me engañas de esa forma…”), desconcertadas por la necesidad de la música exacta para hundirse en la decadencia. Nada que reprocharle a un hombre cuya ausencia y valemadrismo sólo demuestra la autenticidad de su desenfreno.

    Pero no todo se ha ido al carajo, al menos eso pensamos quienes disfrutamos del rock progresivo. Shaman Bombay comienza un suave jameo en el que mezcla funk, hardrock y blues con toques de jazz, en una atmósfera marcada por la presencia de los compas que una vez a la semana se permiten salir por una cerveza y olvidarse por unas horas de su condición proletaria.

    Caguamas, bromas sobre la propia desgracia, narraciones y anécdotas de los últimos días se comparten mientras el pulcro desmadre de Shaman Bombay acaricia todas las historias que hoy salen a flote, se cruzan y hacen la orgía que llamamos presente.

    Formada en noviembre de 2015, la banda conformada por Alfredo Fragoso (voz y teclado), Bejamín Yañez (guitarra), Salvador Aldrete (bajo y coros) y Óscar Romo (batería), tocan esta noche piezas de su primer LP de nombre “Premoniciones”.

    Un grito de “el fofo” (vocalista de Shaman) en compañía de la ligera sacudida generalizada de cabezas obliga a pausar conversaciones sobre el apego, el sufrimiento, el nirvana y la filosofía del devenir; la música reina, domina, conquista los murales del Xibalba. Hoy no viene Cirerol, pero en Ensenada también tenemos algo de talento que ofrecer.

    Aparecen unos teclados muy Pink Floyd (¿Us and Them?), para luego jugar con una melodía de la infancia. ¿Qué quieres evocar, Shamán? Los cigarrillos se encienden con el estribillo progresivo del “Noctámbulo”, imbuido en las influencias del rock clásico, Spinetta, Camel, y toda la maldita bella creación de los argentinos del siglo pasado.

    La guitarra implosiva de Benjamín inaugura el momento preciso para abrir la mente y navegar por dimensiones intransitables con la palabra; sólo queda sentir el flujo de la música por las venas. Quien diga que la buena música murió el siglo pasado no se ha dado una vuelta por estos pasajes de caderas tatuadas y pisos que remiten a un escenario sacado de la serie “Twean Peaks”.

    Corren los tambores, ruge el dragón, el tiempo explota y se disuelve entre preguntas cuya respuesta está en guardar silencio y escuchar latir la realidad. Reinicia un grito de lo que se terminó desde que llegamos aquí: “en esta vida, la vaga eternidad…”.

    El teclado se viste de lamentos, los corazones esperan pacientes, atentos, porque saben que se aproxima la melancolía: el “Vía Crucis”. Se fuma mientras las amistades nos sostienen y nos dejan caer; es parte dé. “¡Frío, frío, ya no, ya no!”, grita fofo con fuerza irracional, en una convulsión del tormento que no cesa por la ausencia que se mezcla con la agonía del silencio, un desgarre “en cada rincón”, resignación que teje un alma artífice del miedo: “¡Frío!”.

    La transición previa al final la siento algo fuera del resto de la pieza, pero qué sé yo. La libreta se incendia con las cenizas encendidas que caen sobre las letras. La locura retoma su camino con una potencia agresiva, en una canción que desborda por un éxtasis delirante.

    Lo perfecto de los bares siempre será que la combinación  de alcohol y gente de todos los rincones de la ciudad inevitablemente desemboca en un choque de opiniones contrarias: “Ya me voy we, la neta no me pasó esa madre, está equalizado de la verga, no le entiendo a lo que canta ese wey, pero me huele a que trata de decadencia, muerte y putrefacción”, me comparte un viejo amigo al despedirse.

    “Todos estamos muertos aquí, a eso hemos venido, a morir juntos, a fingir que no estamos solos”, pienso. “¡Danza de buitres!”, canta en respuesta el vocalista shamánico. Para los músicos, el abismo está en la urbe: que no es escape la vida sin provocar un terremoto inverso en esta ciudad asesina, donde se “cobran verdades, se asesinan”. 37 periodistas asesinados en el sexenio de Peña Nieto, cifra que no se tiene que olvidar.

    Detrás de la mesa donde observo el show se encuentra “La chica vinil”, un mural pintado por una joven artista de la ciudad, estudiante de física pero apasionada por la pintura. Su creación plástica invita a un viaje psicodélico por un planeta-ciudad más cercano que la paz mundial.

    Ha terminado la presentación de los shamanes y al escenario sube un joven de nombre Daniel ¿Montiel, Mastiel, Maciel? Sombrero, guitarra acústica, norteño de Obregón, Sonora; ¿una mala broma del destino?

    El joven inicia su presentación (¿de folk?) cantándole una pieza a María, “para besarla ya sea de noche o de día”. Un lamento se desliza por mi pecho al ver el contraste entre la expectativa de sacar la desdicha cantando junto con Juan Cirerol, y el show de quien necesita mejorar sus versos.

    “No me corten las manos […] no tengo yo la paciencia para soportar tanta inconciencia”. Su voz me recuerda un poco a Saúl Fimbres. Escuchándolo un poco más pienso que tiene potencial, sin embargo, sí le vendría bien leer un poco más de poesía maldita para dar el salto lírico que le hace falta.

    Entre las letras del músico se reanudan las conversaciones amistosas, quienes tienen más quejas que halagos esta noche: “Por eso nos pasamos para arriba, es mucho ruido aquí y no se puede hablar”, me comenta uno de ellos. Una pregunta suelta la conciencia silencioso: ¿Se asiste a una tocada a escuchar la música o a conversar? 

    La siguiente rola suena mejor: “mordiendo la pared, sigo un camino de cruces negras, mordiendo la pared…”. ¿Será que en Sonora está de moda el folk, o es que en medio del desierto brota con más facilidad este género musical?

    “Este amor no da para siempre, buscando la muerte, sonriendo, ahogado por dentro…”. La guitarra acompaña la cerveza que sirve para olvidar y tapar el dolor. El amigo de sombrero canta de traición mientras nuevos romances nacen y otros viejos se deshacen, así hasta el infinito. “Muchas gracias carnales, con permiso, sigan pasándola chido”, finaliza el compañero. A cuatro borracheras por semana podría conseguir una voz como la de Cirerol en unos cuantos-muchos años.

    Me siento ausente, demasiado para darle seguimiento a la banda que sigue a continuación. Les pido una disculpa a los amigos de “Envergadura”, banda que esta noche viene a tocar para los diez cabrones que quedan en el lugar, y me retiro a seguir con mi desgracia en otra parte. Ya habrá otra ocasión para desglosar la vibra del guacarock local.